El nombre de Martha Elena García es bastante desconocido en el país por los mexicanos ajenos a la política. Pero en ese sector es ampliamente reconocida por su militancia, su fuerza y, sobre todo, porque ya gobernó Nayarit durante seis años. Lo hizo no por mandato popular, sino por omisión y comisión de su esposo, Antonio Chavarría, quien gobernó el estado en la primera parte de esta década. Ahora, la quiere por la vía de las urnas.

Martha Elena es la candidata del PAN al Gobierno nayarita, una elección que ha sido opacada totalmente por los fuegos pirotécnicos que iluminan la elección en el Estado de México, que tienen desviada la atención electoral por la idea de que en las tierras mexiquenses se pone en juego también la elección presidencial de 2012. No tiene mucho sustento analítico o histórico esa creencia, pero la realidad es que en Nayarit, convertida en elección de segunda clase, se espera una disputa muy reñida.

La candidata, cuidado, es de armas tomar. Polémica y controvertida, convulsionó a la clase política nayarita cuando en 2004, un año antes de que su esposo terminara su sexenio, declaró sus intenciones de suceder a su esposo. “Yo tengo un corazón igual al tuyo”, les dijo a los nayaritas, pero no pasó del enunciado. Política como muchos de los actuales, vacíos de ideología y ambiciosos de poder, saltó en aquel entonces del PAN al PRD –es diputada federal con licencia–, y se lanzó en esta nueva aventura bajo la sigla panista.

Hace 11 años acompañó a su esposo hacia la gubernatura. Chavarría, un empresario bonachón que había sido dos veces secretario de Finanzas y Administración en Nayarit –bajo Gobiernos priístas–, quería saber cómo se sentía ser gobernador. Chavarría decía en ese entonces que ese poder, el dinero no daba. Lo había tocado.

En dos ocasiones, al arranque de los Gobiernos de Emilio M. González y Celso Humberto Delgado, Chavarría sacó de su bolsa el recurso para pagar la nómina del Gobierno, pues aún no tenían el dinero presupuestal.

Quería llegar a Nayarit ya no para administrar y financiar, sino para ser él quien diera las órdenes. Le pidió apoyo a su viejo amigo Vicente Fox –los dos vinculados con la Coca-Cola–, y primero como gobernador de Guanajuato y luego como candidato a la Presidencia, le dio todo el respaldo.

Chavarría no tenía los arrestos para la política, pero su esposa sí. Cuando el entonces candidato se negó a ir a un debate con sus rivales, lo aprovecharon para descontarle puntos en las preferencias electorales y reducir la ventaja que les llevaba. Sus asesores buscaban convencerlo de que tenía que aceptar el debate, pues estaba en riesgo la victoria. Obstinado, decía que no hasta que en una ocasión, Martha Elena le grito: “¡Toño, si no debates, me divorcio de ti!”.

Ganó el debate y la gubernatura. Y una vez sentado en esa silla, Chavarría, satisfecho de haber cumplido su ambición existencial, no hizo mucho más. Quien llevaba las riendas del poder era su esposa. En Nayarit y en los círculos políticos en la Ciudad de México, solían decir que “desde el DIF, Martha Elena gobierna bien Nayarit”.

Chavarría mismo no lo ocultaba. En una ocasión, de las múltiples que anduvo de parranda con sus amigos en la Ciudad de México, le preguntaron sobre su trabajo como gobernador. Ni se preocupaba, les dijo entre broma y serio, porque “Martha Elena lo hace muy bien”.

La ama de casa convertida a la política es una guerrera, que tiene impreso su ADN oaxaqueño, el estado donde nació. Cuando terminó el mandato de su esposo, quedó como un loco en la política, a veces como bufón, mientras que a ella le reconocieron potencial y un futuro nayarita.

El PRD la pasó de largo porque quien se apuntó como candidato fue el ex líder nacional del partido, Guadalupe Acosta Naranjo, miembro de la corriente de Los Chuchos, quienes controlan la burocracia y el aparato. El PAN no perdió la oportunidad para enfrentarla a la joven promesa del PRI en el estado, Roberto Sandoval, ex presidente municipal de Tepic.

Acosta Naranjo, lleno de sueños y ambiciones, no ha podido pasar del tercer lugar en las preferencias electorales, siempre superado por Sandoval y Martha Elena.

Las aspiraciones por volver a sacar al PRI del Gobierno –recuperado tras Chavarría–, se comenzaron a esfumar cuando los priístas arreglaron sus problemas internos, resolvieron la sucesión a favor de Sandoval y se repartieron el pastel: para el gobernador Ney González, el Congreso local; para los maestros, fuerte sostén del PRI en el estado, la presidencia municipal.

La ventaja de Sandoval, aún cómoda, se ha ido reduciendo. La última encuesta publicada le da 49% de las preferencias electorales, contra 33% de Martha Elena y 17% de Acosta Naranjo. La suma de números a favor del PAN en Nayarit y del PRD en el Estado de México, llevó a sus líderes, Gustavo Madero y Jesús Zambrano, a negociar una alianza “útil” y que el PRD decline a favor del PAN en Nayarit, mientras que en el Estado de México sea a la inversa.

Si esto cuajara dentro de las próximas semanas, Martha Elena se colocaría en niveles de competencia real con Sandoval, y con dos aparatos electorales contendiendo contra uno solo. De ser así, Nayarit sería el verdadero terreno de lucha y principal la apuesta contra el PRI. Una alianza “útil” daría un gran aire a Martha Elena, quien de todos los candidatos que compiten contra un candidato priísta en las elecciones para gobernador por venir, sin duda es quien mejor posicionada está para ganar.