E n los últimos cinco años ha existido una baja en el costo de fabricación de productos tecnológicos y ha dado un impulso fuerte al desarrollo de estas tecnologías.
La domótica, que quiere decir casas automáticas, trata de la implementación de equipos automatizados para casas o edificios donde se busca en general lograr tres propósitos: ahorro de energía que se traduce en dinero y contaminación.
Se logra regulando el encendido o apagado de luces si no hay presencia humana. Se pueden controlar los aires acondicionados de forma eficiente; y en algunos países, donde el uso de energía eléctrica en ciertos horarios es más caro, avisa y desconecta lo que no es primordial.
En cuanto a la seguridad, existen alarmas que detectan incendios, presencia de personas o fugas de gas. El confort también es un propósito de estos sistemas, con la posibilidad de controlar por medio de la Internet las luces o el sistema de riego.
En otros países, como Japón, hay desarrollos sumamente avanzados que, poco a poco, se irán introduciendo al mercado tradicional conforme los precios vayan cayendo.
Un ejemplo es el “roomrender”. Una habitación donde se puede controlar con voz los aparatos electrónicos, pero también dependiendo de la forma de hablar, se puede medir el estado de ánimo de los ocupantes y realiza varias modificaciones tales como el encendido de calefacción, aire acondicionado o cierre de persianas dependiendo de las características previamente programadas.
Esta habitación tiene la capacidad de cambiar de color las paredes usando una tecnología conocida como Feeling wall de la empresa SGI de Japón. Utiliza la entonación de voz y así puede interpretar el estado de ánimo para modificar el color de la pared y la intensidad de luz. El costo de un sistema de este tipo está alrededor de unos 600 mil pesos.
























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