A partir del movimiento feminista de los 60, a las mujeres se nos ha dicho, con insistencia, que es tiempo de dejar la casa y salir a estudiar, a trabajar sin descanso para ocupar nuestro lugar en este mundo, ganarnos el reconocimiento, el dinero, el aplauso de la gente que nos rodea. Un discurso de una sociedad patriarcal. Y así lo hemos hecho, sin DARNOS CUENTA del precio pagado.

Las más afortunadas han expresado este costo a través del enojo, cansancio excesivo y permanente, llanto e hipersensibilidad a ciertos estímulos, como una llamada de atención o una discusión con su pareja o hijos, aislamiento, mal humor y falta de interés en la vida.
Las menos afortunadas, ante la incapacidad de reconocer las señales que les envía su cuerpo de que han seguido un mandato que no es de ellas, de pronto les diagnostican una enfermedad grave, se detectan una bolita en un seno o están deprimidas sin DARSE CUENTA de ello.

¿Qué ha pasado con estas mujeres que gritan frustración a través de sus cuerpos lastimados? La respuesta es: se sienten traicionadas.

Se nos dijo que si seguíamos los modelos masculinos de éxito, prestigio, alcanzar metas una tras otra, lograr el éxito profesional por encima del personal y no parar, seríamos felices. Sin embargo, no ha sido así. Mujeres que ya tienen todo lo que deseaban lograr en sus carreras profesionales, están sintiéndose vacías, engañadas, secas espiritualmente, insatisfechas e infelices, y se preguntan: “¿Qué pasó? Hice todo lo que me dijeron y no me siento bien, ¡¡al contrario¡¡ Se sienten traicionadas”.

Estas mujeres siguieron un modelo que no tiene que ver con su esencia femenina, a la que han despreciado y con la cual están muy enojadas. Tanto que han preferido seguir la voz masculina que las presiona hasta el agotamiento, a perseguir el reconocimiento externo; en lugar de hacer un alto en el camino y revisar su mundo interior, su herida por la separación madre/hija, escuchar su intuición, sus necesidades, sus verdaderos deseos, sus sueños postergados, su creatividad, alegría, placer, sensualidad, ternura, atender y validar sus sentimientos, identificar su deseo de relación con otros, de aportar su energía para crear una sociedad más armoniosa.

Si queremos equilibrar nuestras vidas, es importante DARNOS CUENTA de la urgencia de atender los llamados del cuerpo que nos indican “¡basta, es tiempo de cambiar, de aprender a decir NO!”; a esa voz rectora que no es tuya y te hace sentir culpa cuando piensas más en ti y menos en el temor de decepcionar a los demás. Es tiempo de escuhar más a la auténtica voz interior que nos protege y silenciar al tirano interior. Es tiempo de hacer las paces con nuestra amorosa energía femenina. Es tiempo de darle valor a lo femenino.