No es más justo el que no dice cosas negativas y se limita sólo a escucharlas en la boca de alguien más o a leerlas en las publicaciones cotidianas que empapan nuestras vidas.

El problema no es sólo hablar o escuchar lo que “ellos”, “los otros”, dicen de gente inocente, sino que terminarás creyendo mentiras e infamias que no puedes comprobar. ¿Te has puesto a pensar cuántas cosas has creído de gente cercana a ti que sin deberla ni temerla fue aplastada por la lengua viperina de alguien con muy mala intención? Y si eso pasa en tu pequeño círculo social, en donde un juicio puede lastimar a una persona o a un grupo pequeño de gente, ahora imagina eso a la “n” potencia. El poder que tiene la “opinión pública” sobre la carrera de un artista es inmenso, y muchas veces, llega a tocar el ámbito privado, ya no del artista, sino de la persona detrás. Una nota mal intencionada puede, en el peor de los casos, acabar con una carrera; en el mejor de ellos, puede hacer pedazos un delicado equilibrio logrado con esmero y años de dedicación. En cambio, una nota positiva puede construir un camino en ascenso para un artista, puede ser una puerta que se abre, no que se cierra.

En la tradición de la Cábala, que hoy en día tiene tantos seguidores famosos como Madonna y Ashton Kutcher, se habla del “evil speech” . Así se denomina al acto de pronunciar comentarios negativos, emitir juicios, ciertos o falsos, de alguien más. Lo grave es que, una vez que los dices, no hay marcha atrás, el daño está hecho. La lógica detrás de esto es que NUNCA SABES lo que le ocurre en realidad a una persona, no conoces sus motivaciones, sus heridas, su verdad. ¿Cómo puedes creer que tienes la versión completa de la historia como para poder ser juez de una vida ajena a ti? ¿Cuántas puertas le has cerrado en la cara a tanta gente al jugarles la dura carta de la mordacidad? ¿Cuántas más no crees que te cerrarán a ti, y te lastimarán, con la misma ligereza? ¿No se siente lo mismo hacer a que nos hagan, verdad?

A todo esto, preciso aclararle a la gente que me quiere bien, que no se preocupen, que no es verdad lo que mi supuesto “agente de prensa” dijo sobre la cancelación de mi concierto en Monterrey el 27 de febrero. No tengo ningún fuerte problema familiar; tanto mi vida personal como la artística, no podrían estar en mejor momento. Este personaje, PAGADO POR EL EMPRESARIO del fallido show ha querido desvincular de responsabilidad a quien falló en el cumplimiento de las obligaciones necesarias para que mi show pudiera llevarse a cabo. Publicaciones de prestigio decidieron publicar eso y no el comunicado oficial que mi oficina verdadera mandó anticipadamente en donde se cuenta la verdad. A veces la mentira vende más que la verdad. O casi siempre.