Cuántas veces han tomado una prueba de manejo con el propósito de invertir su dinero en algo que no es lo que se esperaba, el usuario cae en la cuenta de que el pago de derechos y emplacamiento cuestan una fortuna, sin contar lo que pagará por el seguro, porque ser el poseedor del mejor auto no es fácil y ¡menos gratis!

Si piensan que escribiré sobre autos, no es así, sólo toqué el tema que, sin comparar un carro con una mujer, es muy parecido al cómo algunos realizan su cortejo.

Cuando sabe que está tirando muy alto y se sustenta en la propia alimentación del ego, queriendo demostrar a los demás y a él mismo que es capaz de conseguir a la mujer que escoja.

Puede existir atracción y química, pero la diferencia en los niveles culturales y económicos hará efecto en esta relación y saldrá a la luz la incompatibilidad de hábitos.

Estará de acuerdo en que una mujer independiente y conocedora del mundo podrá adaptarse y hacerse a la idea de echarse unos tacos en el Bronx. ¡No!

Quizás lo acepte para notar el medio en que se desenvuelve y descubrir los hábitos de su pretenso, pero es diferente a que acepte y quiera cambiar su refinado y selecto estilo de vida.

Ante la negativa de aceptar estas invitaciones suele ser tachada de elitista, clasistas y astuta. Si de astuta se pasara no daría pie a entablar una relación de amistad que casi siempre es malinterpretada por el osado Romeo, quien no resiste la tentación de iniciar una “prueba de manejo” sin prever las consecuencias.

Como consejo… si buscas rendimiento de combustible… ¡no pruebes con un Jaguar!