Verdad y ofensa no son la misma cosa.
Implicaría un estudio titánico conocer el origen de las limitaciones de comunicación que desarrollamos en el ámbito de nuestras relaciones personales. Pero es interesante ver cómo generalmente nuestra comunicación es poco efectiva y cómo por falta de claridad se generan problemas propios de esa mala comunicación y no por una contrariedad en sí.
Comúnmente confundimos verdad con agresión y quienes se distinguen por ser honestos, directos y sinceros resultan ser catalogados como “conflictivos”. Aparentemente no estamos educados para hablar con la verdad.
Desde muy chicos se nos enseña a tapar, disfrazar o sencillamente no decir lo que en verdad pensamos. Un niño es sincero al decir: no quiero que me bese mi tía fulanita o no quiero estar en este lugar, etc. Pero su manifestación de lo que en realidad siente o cree se ve coartada por el miedo a “quedar mal” con los adultos a su alrededor. Es importante que se le muestre cómo expresarse sin provocar conflictos o heridas difíciles de sanar, es decir, enseñarle a comunicar con efectividad, pero sin comprometer su verdad.
El peso de querer ser aprobados, del miedo a que la verdad “levante el polvo” o –algo muy importante– la carga que en nuestra dinámica social tiene el tomar las cosas de forma personal y “ofenderse” por lo que los otros dicen o hacen, son determinantes para que el efecto de comunicar se vea empobrecido.
Es como estar en un club de personas ofendidas donde todo es personal y entonces nada se resuelve con eficacia y sobre una base clara, sino que se le da la vuelta o se adorna para que no parezca lo que realmente es. No siempre cuando alguien se atreve a decir que no, o no sonríe, o no contesta un saludo, quiere decir que tiene algo en contra nuestra o que nos desaprueba. Es casi seguro que no se trata de nosotros. Además, en última instancia es la auto-aceptación lo que en realidad importa.
Si queremos que las relaciones de pareja, familiares, sociales y de trabajo funcionen sanamente, tenemos que dejar de formar parte del club de los ofendidos, de tomar todo de manera personal, responsabilizarnos y acostumbrarnos a actuar honrando nuestra verdad y la verdad de los demás.
Les garantizo que lo que se construya sobre esta base será sólido como una roca.




















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