Hoy que existe total apertura en las comunicaciones, el acceso al futbol internacional es basto. Resulta inevitable no disfrutar de un verdadero espectáculo.

Era sábado, el reloj marcaba la una treinta de la tarde y tenía una cita con mi televisor, al cual no podía fallarle. Después de haber disputado la respectiva cáscara sabatina, devastado anímicamente por tanto gol fallado, emprendí el viaje hasta Barcelona. Dispuesto y ansioso de presenciar, una vez más, al mejor equipo de la historia. Si me atrevo a decir historia, es porque en lo personal, nunca vi una oncena tan dominante como la que hoy preside Sandro Rosell y dirige Josep Guardiola.

Valdés en el arco. Piquá, Abidal, Alves y Maxwell en el fondo. Busquets, Xavi y Keita, encargados de la creación. Pedro, Messi y Bojan, a definir.

Volteas a la banca y te encuentras con figuras de talla internacional: Puyol, Iniesta, Ibrahimovic, Villa, etc.

Corre el minuto 24, cuando la eliminatoria ya les pertenece. Abrumadora superioridad catalana; un Sevilla que parece no entender ni asimilar, cómo es que ocho días atrás los venció por dos. Posesión, dinámica, precisión, verticalidad, versatilidad, sociedad, velocidad, contundencia, oficio, profesionalismo, respeto, intensidad, claridad, genialidad. Todas, absolutamente todas las virtudes que debe poseer un equipo, el Barça las tiene.

Entiendo el fraternal cariño de los merengues para con el Madrid; hoy no tienen más que resignarse y reconocer que la élite del futbol mundial se llama F.C. y se apellida Barcelona.

El domingo, sin cáscara, pero aún devastado de tanto bailar la noche anterior, tenía una nueva cita con la tele. Diez de la mañana, Manchester visita al Fullham y mi compatriota Javier Hernández es titular. Juega hasta el 75, entiende perfectamente el cómo se hace en los altos niveles. Descarga de primera intención cuando el arco quedó a su espalda, toca y se mueve, pica a los espacios abriendo camino a su acompañante Berbatov e intenta a toda costa hacer un gol. Éste no llegó, pero hoy El Chicharito está convertido en un futbolista íntegro y con gran potencial a desarrollar.

Más tarde, por placer y trabajo, de regreso a la triste realidad; el América, que defiende como el Inter y ataca como el Barcelona. Me pregunto, ¿acaso se fue la luz porque mi televisor no acepta copias chafas?