Existen algunas prácticas comerciales, es decir, la forma en la cual se venden bienes o servicios, que he­mos aceptado por la fuerza de la costumbre, aun cuan­do nos dañan como consumidores.

Como parte de ellas hemos sido testigos de que un antro (bar, disco o cualquier otro lugar de este tipo) selec­cio­na a las personas a su en­trada o cobra una canti­dad mínima de consumo, por ejemplo. En el peor de los casos, hemos sido ob­je­to de dichas prácticas.

Esas conductas están prohibidas por el perjuicio que causan a los compra­do­res. Quiero compartir contigo los derechos en el antro, los cuales te permitirán tener una mejor experiencia:

1• Ningún antro puede seleccionar a la gente, porque eso es discriminación. Te pregunto algo, ¿has visitado algún negocio que seleccione a la entrada a sus clientes? ¿Te gusta ser discriminado por la razón que sea? Es por ello que no debemos aceptar esta conducta como algo normal.

2• No pueden negarte una mesa a menos que compres una botella, porque eso es condicionamiento. Los consumidores tenemos la libertad de elegir lo que vamos a comprar de acuerdo a su calidad y precio, en combinación con nuestra conveniencia. Sólo en circunstancias específicas, como en el caso de situaciones técnicas, será necesario que compres dos bienes o servicios diferentes.

3• Los precios tendrán que estar a la vista o en la carta y los antros deben cumplir con las promociones que ofrecen. Los consumidores necesitamos información para decidir y los precios son datos clave. Debes saber de antemano cuánto cuestan los alimentos y bebidas, para decidir si te quedas y lo que consumes.

4• No pueden obligarte a un consumo mínimo. Cada uno de nosotros tiene el derecho a elegir en libertad la cantidad que comprará de un bien o servicio.

5• No deben cobrarte el servicio o exigirte propina, porque es voluntaria. Esta gratificación depende de la calidad del servicio que te hayan brindado; es un premio, no una obligación a cargo del cliente.

Te invito a ejercer estos derechos porque ésa es la única forma de poner alto a una práctica dañina.