Aaaah ¡los Oscar! Un mar de celebridades, un océano de prensa, un río de público y ni una gota de latinos.
Como muchos, amo ver la entrega de uno de los premios más trascendentes del séptimo arte: los Oscar. Es una noche vital para el mundo del entretenimiento, la industria de la moda y los amantes del cine. Año tras año, esta ceremonia aumenta su audiencia y elabora su programación... pero no la presencia latina.
Con tanto talento latino que trabaja en la industria cinematográfica —y no me refiero sólo a actores, sino también a directores, productores, guionistas, camarógrafos, luminotécnicos, etc.— ¿por qué será que aún Hollywood y sus Oscar siguen ignorando un origen étnico tan importante y con tanta historia como el nuestro? Y dicho sea de paso, también componemos el segmento demográfico de más crecimiento de EU ¡y aún nos olvida!
Hay que destacar que este año, gracias a la película Precious, hubo al menos presencia de otra minoría: la afroamericana. Pero entre los cientos de celebridades que desfilaron por la alfombra, sólo una fracción de estos artistas eran hispanos o de descendencia hispana. Entre ellos Penélope Cruz, Zoe Saldaña, Jennifer Lopez, Jonas Rivera, Claudia Llosa, Juan José Campanella y Javier Recio Gracia. ¿Será que el mercado cinematográfico nos ignora o que no somos consistentes en crear películas dignas de una estatuilla dorada todos los años?
Obvio que en el pasado sí hemos visto una que otra película latina y/o con actores hispanos ganar un Oscar. Entre ellas Babel, Amores Perros, Traffic y Volver, pero al igual que aquellos latinos que nos representaron este año en la ceremonia, los números son muy pocos y la presencia es casi inexistente.
Esperemos que para el próximo año, nosotros, los latinos, tengamos más representación del talento que tanto nos distingue. Que nuestro son, color, sabor, inteligencia, amabilidad y creatividad se hagan sentir en esta ceremonia. Que películas como Sin Nombre, actrices como Blanca Portillo, actores como Gael García Bernal y miles de otros latinos se apoderen de esta ceremonia que, a pesar de su brillo, le falta calor y ritmo del nuestro.