Los jóvenes colombianos dejaron de pedir un trenecito a escala que aventara humo y rodara por un riel circular, para burlar a la muerte frente a una locomotora de hierro.

El juego consiste en ubicarse en el hueco que queda entre las barras de acero que soportan las llantas del transporte, y esperar a que el convoy de hasta 80 vagones cruce por encima de los cuerpos inertes.

Después de cumplir con la proeza, los chicos se felicitan, hacen piruetas bajo las vías del tren y disfrutan el momento de adrenalina.

Los chavos se quedan expectantes hasta que el "Tren de la muerte" aparece en la lejanía. Se preparan y deciden quién apostará su vida debajo de la poderosa maquinaria. Es una ruleta rusa a la colombiana.