Sexo dulce y con calma

Cuando tienes el privilegio del tiempo, entregarse a hacer el amor de manera pausada y supersensorial puede ser un gran impulso para una relación. “Cuando te desaceleras e intentas posponer el orgasmo te enfocas más en explorar cada centímetro de los dos cuerpos y en saborear el tiempo que pasan juntos”, dice Ia Deb Levine, la autora de “La dicha del cibersexo”.

Incluso, los beneficios emocionales son muy duraderos.

El rapidín

Un rapidín es como un terremoto: Hace fluir la adrenalida, se acaba en un flashazo y te afloja las rodillas. Además de liberar tu lujuria, puede resultar una excelente forma de mostrarle a tu pareja cuánto l@ deseas.

PD.- Para que no haya fallas, nunca olviden usar un poco de lubricante (sólo por si acaso).  

Sexo exhibicionista

Quizá te parezca más sencillo exponer frente a 500 personas que masturbarte frente a tu pareja, pero atreverse a ello tal vez valga la pena. Los expertos dicen que ver a una mujer autocomplacerse está en el tope de las fantasías sexuales de ellos. Pero para las mujeres también es un gran estimulante y para ambos es la oportunidad de mostrarse qué y cómo les gusta un “trabajo manual”.

Sexo comfortable

A todo el mundo le gusta una sesión de sexo picante, pero a veces, lo único que deseas es algo equivalente a una sopita de fideos, es decir, puede que no sea excitante, pero te hace sentir muy bien.

“La gente tiene sexo por varias razones y una de ellas es porque busca comfort y alivio”, dice el terapeuta sexual  Michael Seiler.

Sexo salvaje

Es el tipo de sexo crudo, primario, que asusta a los vecinos, a las mascotas y mueve las cabeceras de la cama.

Cualquier sesión se sexo animal comienza en cuatro patas (estilo perrito), con las manos de él en la cintura de ella que está volteada de espadas.

Sexo sometido

Tener el control exita a muchos, así que a veces sólo hay que someterse a los deseos de la pareja, ya sea arriba, abajo o como se le antoje al que lleva el mando. El asunto es ceder, dice Fitzgerald.

Sexo de dominación femenina

Los hombres odian ceder el control remoto y el volante del auto, pero sí aman que, en el sexo, ellas tomen el timón, que los tomen por asalto, manipulen todos sus instrumentos y que les hagan trabajar con los de ellas. Rudo, fuerte y sin contemplaciones, como si fueran un juguete sexual.


¡Así que, a trabajar¡