De representar a México en seis Juegos Olímpicos de Invierno a construir un proyecto musical con identidad propia, Hubertus von Hohenlohe es un exatleta azteca que ha sabido transformar su historia en un relato que va más allá del deporte.
Con una trayectoria marcada por la perseverancia, la creatividad y el orgullo nacional, ahora explora una nueva faceta artística donde la música se convierte en vehículo para contar su aventura olímpica y su vínculo con el país que defendió en la nieve. En entrevista con Publimetro, reflexionó sobre su transición al ámbito musical, su legado deportivo y el presente del olimpismo mexicano rumbo a Milano-Cortina.
- ¿En qué momento decidiste pasar de ser un atleta olímpico a emprender un proyecto musical?
Bueno, la verdad es que mi música, paralelamente a lo de atleta olímpico, la estuve combinando desde hace tiempo, más bien como escritor de canciones para otras personas y como productor. Cuando era muy joven, en los años ochenta, ya había grabado discos en España, pero en los últimos años cada vez sentía más fuerte esa voz interna que me decía que quería cantar y contar historias. Hice algunas canciones en España con flamencos muy famosos y de ahí nació la idea de crear algo que quedara como legado de lo que he hecho para México y de lo que México me ha dado a mí, plasmado en una canción. La idea era encontrar ese collage entre mi persona y este país, y nada mejor que usar una melodía legendaria que conoce todo el mundo, incluso en Europa, como Cielito Lindo, cambiándole completamente la letra, la métrica y todo. Así pude cantar mi historia, mi aventura olímpica con México. No todo fue sencillo ni color de rosa, pero esa energía y narrativa reflejan que el camino no ha sido fácil, aunque sí muy bonito haber podido representar a este país.
- Cuéntanos sobre tu nuevo tema musical, México Ski, un tema que mezcla tradición, irreverencia y sofisticación. ¿Cómo nació esta idea y qué buscas representar en esta melodía?
La idea básicamente es crear algo como un rap mariachi, que sirva para contar una historia. El rap tiene la cualidad de permitir muchas palabras y el mariachi siempre transmite euforia, folclore y fuerza. La intención fue unir esos dos mundos, que también representan quién soy yo. Tengo una esencia muy urbana, y la música que aparece en las estrofas viene de muchos sitios: Los Ángeles, Viena y, por supuesto, el mariachi de México. Fue una apuesta para ver cómo funcionaban juntos y al final resultó algo muy curioso, pero con sentido. Nos gustó tanto que terminamos haciendo dos o tres canciones más en este estilo que se publicarán posteriormente.
- ¿Qué legado crees que puedes dejar a las nuevas generaciones?
Ahora que estamos de cara a los Juegos Olímpicos de Milano-Cortina y que participarán cinco miembros en la delegación, creo que es un reto enorme y también un orgullo personal. En cuatro ocasiones yo estuve solo, incluso entrando con la bandera sin compañía. Hoy la gente se ha dado cuenta de que sí se puede competir por México y que vale la pena esforzarse para lograrlo. El legado ha sido abrir ese camino como el primer olímpico mexicano de Invierno que despertó interés en jóvenes y en personas que ahora también sueñan con llegar a unos Juegos, a pesar de lo complicado que es calificarse. Para mí, el mayor aporte ha sido promover la imagen de México en todo el mundo con trajes inspirados en mariachis, Día de Muertos y lucha libre, elementos culturales que en otros países causaron un gran impacto.
- Entrando en el panorama olímpico, representaste a México en seis justas de Invierno y fuiste pionero. ¿Cuáles fueron los principales retos al competir prácticamente solo?
Primero fue complicado entrar en el programa oficial para que México me respaldara, un proceso que tardó tres o cuatro años. Después vino todo el esfuerzo económico, de entrenamiento y organización, que fue completamente privado. Si no hubiera tenido tanta pasión, probablemente habría abandonado tras los primeros Juegos. Gran parte de mi vida estuvo dedicada a organizar entrenamientos, patrocinar entrenadores, buscar sedes para competir y viajar para calificar. Fue un camino duro, con muchas satisfacciones, pero también con decepciones, como cuando estuve calificado y aun así no me enviaron. Al final entendieron que, si no iba nadie, México no estaría representado. Las lesiones, como rodillas y mano, también formaron parte de esta escuela de vida que ha sido el deporte de alto rendimiento.
- ¿Qué opinas de la delegación mexicana que competirá en Milano-Cortina?
Es increíble que participe una madre junto a su hijo, algo único que sin duda dará mucho de qué hablar. Sara es una esquiadora sólida y seguramente estará en la media tabla. El hijo es muy joven y la presión será grande, pero espero que pueda manejar los nervios. En esquí de fondo ya es casi un milagro que se hayan calificado, considerando el nivel de los países nórdicos. Con Donovan Carrillo todo depende del día; si ejecuta bien puede estar muy arriba, pero cualquier error cambia el panorama. Aun así, es un gran patinador y existen buenas posibilidades de quedar entre los primeros veinte.
- ¿Sientes que tu figura ayudó a visibilizar los deportes de invierno en México?
Creo que se ha avanzado, pero todavía falta mucho camino. Los Juegos Olímpicos ocurren cada cuatro años y eso limita la exposición. Se necesita más difusión, más atletas probando estas disciplinas, porque estadísticamente, entre más participantes haya, mayor será la posibilidad de destacar. Así funcionan los países con tradición invernal y eso es algo que debemos construir poco a poco.
- ¿Qué mensaje le enviarías a los atletas que representarán a México?
Que sientan orgullo de portar la bandera, que no tengan miedo y que disfruten la experiencia. Cuando disfrutas, lo haces mejor. Entrar a un estadio olímpico con la bandera mexicana es una sensación incomparable, algo que vale cada sacrificio del camino.
