La semana del Super Bowl arrancó como manda la tradición moderna de la NFL: luces encendidas, micrófonos abiertos y un frenesí mediático que va mucho más allá del futbol americano.
La noche de apertura del Super Bowl volvió a convertirse en un espectáculo en sí mismo, una mezcla de pasarela deportiva, show televisivo y carnaval de preguntas donde los protagonistas son sometidos a un blitz distinto, uno que no se detiene con bloqueos ni lecturas defensivas, reportó la agencia AP.
En esta ocasión, los Patriots de Nueva Inglaterra y los Seahawks de Seattle acaparan los reflectores para el gran evento en el Levi’s Stadium, escenario que deja de ser solo un estadio para transformarse en un foro global.
¿Qué pasa en la semana previa al Super Bowl?
Más de seis mil periodistas acreditados, provenientes de decenas de países, están listos para dar testimonio de lo que hacen jugadores y entrenadores en una escena que confirma que el Super Bowl ya no es solo un partido: es el mayor fenómeno mediático anual del deporte estadounidense.
Lo que comenzó hace décadas como una presentación sobria y diurna de los equipos hoy es un show en horario estelar, con boletos a la venta, transmisiones en vivo y un ambiente que por momentos recuerda más a una alfombra roja que a una conferencia deportiva.
Las preguntas van desde los análisis tácticos más serios hasta ocurrencias insólitas que buscan viralidad inmediata.
En el pasado, incluso hubo reporteras disfrazadas de novia que pidieron matrimonio en pleno escenario, ya que nada parece fuera de lugar en esta noche donde todo puede pasar.
Protagonistas del Super Bowl
En el centro de la atención se encuentra Drake Maye, mariscal de campo de los Patriots, quien vive su primera semana de Super Bowl como titular.
Casado y con los pies en la tierra, Maye deja claro que su único anillo deseado es el Lombardi, un trofeo que Nueva Inglaterra persigue con hambre histórica: sería el séptimo de la franquicia, cifra récord en la NFL y el primero en la era posterior a Tom Brady y Bill Belichick.
Con ello, la idea de una “nueva dinastía” flota en el ambiente y alimenta cada pregunta, cada titular, según reportan los medios especializados de Estados Unidos.
También acapara reflectores el entrenador Mike Vrabel, en su primer año al frente del equipo, su historia añade una capa extra al relato: ganó tres Super Bowls como linebacker con los Patriots y heredó un plantel que venía de un 4-13.
Hoy, ese mismo grupo está a un paso del campeonato, impulsado por una defensa que en los playoffs ha permitido apenas 8.7 puntos por partido, un dato que impresiona incluso en una semana cargada de estadísticas grandilocuentes.
Del otro lado del escenario, Sam Darnold fue quizá el personaje más observado por curiosos y cronistas, su trayectoria, marcada por cambios de equipo y dudas constantes, encontró en Seattle un punto de resurrección.
Elegido tercero global en el draft de 2018, Darnold llega a este Super Bowl como símbolo de perseverancia: se convirtió en el primer quarterback en liderar a dos equipos distintos a temporadas consecutivas de 14 victorias y ahora busca llevar a los Seahawks a su segundo título en la cuarta aparición de la franquicia en el juego grande.
Para Darnold, la noche de apertura no es territorio desconocido, ya había vivido el circo mediático como suplente de Brock Purdy cuando San Francisco perdió ante Kansas City hace dos años.
Esa experiencia se nota en su calma frente a las cámaras, incluso cuando el pasado volvió a aparecer en forma de recuerdos y comparaciones inevitables.
Datos curiosos del Super Bowl
Y es que este Super Bowl también viene cargado de memoria histórica, Patriots y Seahawks se reencuentran una década después de uno de los desenlaces más impactantes de la NFL: el Super Bowl de 2015, definido por la famosa intercepción de Malcolm Butler en la yarda uno.
Aquella jugada sigue siendo tema recurrente en la noche de apertura, una herida abierta para Seattle y un recuerdo glorioso para Nueva Inglaterra.
La defensa de los Seahawks, considerada la más sólida de la temporada al permitir 17.1 puntos por partido, promete un choque de alto voltaje que ya se discute desde el primer día, incluso antes de que los equipos se pongan el casco para entrenar.
Con información de AP
