El Territorio Santos Modelo (TSM) se convirtió en el centro de una sacudida institucional que busca rescatar a un equipo que parece haber perdido su identidad.
Después de una noche de pesadilla frente a Mazatlán, la directiva de Santos Laguna oficializó este 17 de febrero de 2026 lo que la afición exigía a gritos: el cese inmediato de Francisco Rodríguez Vílchez y una purga en los altos mandos deportivos.

La crisis no es solo de resultados, sino de fondo, con apenas un punto cosechado de 18 posibles, el estratega español deja al equipo sumido en el sótano de la tabla general, firmando uno de los peores arranques en la historia de los torneos cortos para la institución albiverde.
La fragilidad defensiva y la nula capacidad de reacción en el campo fueron los detonantes de una gestión que nunca logró conectar con la idiosincrasia del “Guerrero”.
El golpe de timón no se limitó al banquillo; en un movimiento inusual que demuestra la gravedad de la situación, Braulio Rodríguez también fue destituido de su cargo como Director de Gestión Deportiva.
Esta decisión marca un antes y un después en la administración de Aleco Irarragorri, quien en conferencia de prensa dejó claro que la institución no tolerará la “medianía”. La cúpula de Grupo Orlegi mandó un mensaje contundente: nadie es intocable cuando el ADN del club está en riesgo.
¿Quién es el nuevo técnico de Santos Laguna?
El encargado de apagar el incendio será un hombre de la casa, Roberto Omar Tapia, un estratega formado en las entrañas de la cantera lagunera y con un historial de éxitos en categorías menores, asume el interinato.

Tapia representa la última esperanza de estabilidad para un plantel que luce anímicamente quebrado; su misión inmediata es preparar la visita a León este sábado, donde no solo se juegan tres puntos, sino el orgullo de una región que exige respeto a sus colores.
La reestructuración apenas comienza, con un plazo de 60 días para encontrar un nuevo Director Deportivo, Santos Laguna inicia un proceso de introspección profunda. La moneda está en el aire, y mientras la afición espera un cambio real, el equipo deberá demostrar en la cancha que el espíritu de lucha sigue vivo en el desierto.
