MetroSports

Dos generaciones, un mismo sueño olímpico

Sarah Schleper y su hijo Lasse Gaxiola hicieron historia en los Juegos Olímpicos de Invierno 2026: madre e hijo compitiendo por México

Sarah Schleper
Sarah Schleper Sarah Schleper y su hijo participan en los JJ. OO. (AP)

Hay historias deportivas que no se cuentan con simples estadísticas; se sienten en la piel, se celebran en familia y se convierten en inspiración para quienes creen que los límites solo existen hasta que alguien se atreve a cruzarlos. La historia de Sarah Schleper y Lasse Gaxiola en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano-Cortina 2026 es una de esas historias únicas: madre e hijo compitiendo por el mismo país, en el mismo evento, en la misma cita olímpica.

Sarah Schleper es una figura emblemática del esquí alpino. Nació en Estados Unidos y compitió bajo esa bandera en tres Juegos Olímpicos (2002, 2006 y 2010), destacando por su estilo agresivo y su valentía en pruebas de alta velocidad. Tras casarse con un mexicano, decidió cambiar de bandera y, desde 2014, representa a México con orgullo y determinación. A sus 44 años, volvió a vestir la camiseta tricolor en Milano-Cortina 2026, transformando su participación en un acto de resistencia y amor por el deporte.

Sarah Schlepper (Getty Images)

Schleper no llegó a estos Juegos como una competidora pasajera. Es una esquiadora con experiencia en la Copa del Mundo, con varias apariciones en finales y con un récord internacional respetado en descensos y supergigantes. Su trayectoria demuestra que la edad puede ser solo un número cuando la pasión y la preparación te mantienen en la élite. En competiciones recientes, Sarah ha seguido compitiendo con un rendimiento que desafía las expectativas, manteniéndose consistente en tiempos y ritmos internacionales a pesar de una carrera que abarca décadas.

Pero la historia se vuelve aún más extraordinaria cuando hablamos de Lasse Gaxiola, su hijo. Lasse, con apenas 20 años, representa una nueva generación de atletas mexicanos en deportes de invierno. Se convirtió en uno de los competidores más jóvenes del equipo olímpico y, al hacerlo, selló un momento histórico: compartir un juego olímpico con su madre, algo que ocurre muy pocas veces en la historia del olimpismo. Lasse ha mostrado un progreso notable en eventos técnicos como slalom y gigante, donde la precisión, reflexión y velocidad se combinan en fracciones de segundo.

Ver a madre e hijo prepararse, entrenar y competir lado a lado es una imagen que trasciende los tiempos y los récords. Tiene que ver con la conexión emocional, con el legado familiar llevado a la práctica. Es la lección de que los sueños pueden compartirse y que la pasión por el deporte puede convertirse en un proyecto común de vida. Para muchos, Sarah y Lasse son un símbolo de que el deporte puede unir generaciones, no solo en apoyo, sino en acción.

Lasse Gaxiola puso fin a la participación tricolor, pero su actuación quedó a deber.
Lasse Gaxiola puso fin a la participación tricolor, pero su actuación quedó a deber. Foto:AP/John Locher)

Además, su presencia en estos Juegos Olímpicos de Invierno ha generado un impacto mediático y emocional que va más allá de sus resultados individuales. En un mundo donde la narrativa dominante a menudo se enfoca en protagonistas solitarias, la participación de esta dupla nos recuerda que el deporte puede ser una historia familiar, un puente entre edades y una manera de construir memoria compartida.

Sarah misma ha sido clara al expresar que este retorno a los Juegos no es un punto final, sino una celebración de todo lo que ha representado su carrera y un mensaje para su hijo: persistir, intentarlo, estar ahí. Lasse, por su parte, ha dicho que competir junto a su madre ha sido una fuente de orgullo inmensa, un incentivo para dar lo mejor de sí y honrar una historia que creció entre entrenamientos, viajes y consejos desde que era niño.

Más allá de tiempos, clasificaciones o estadísticas, lo que estos Juegos Olímpicos han entregado al público es una historia de amor por el deporte, de entrega generacional y de coraje frente a desafíos que muchos consideran imposibles. En cada descenso que realizan, Sarah y Lasse no solo compiten por posiciones; compiten por sus sueños, por su país y por la certeza de que vivir plenamente el deporte es también una forma de abrazar la vida.

¡Abramos cancha!

Tags

Lo Último