El fantasma de la vieja guardia de la FIFA reaparició para agitar las aguas del futbol mundial; Joseph Blatter, quien fuera el hombre más poderoso del balompié global durante 17 años, lanzó una de sus críticas más feroces hasta la fecha respecto a la organización de la Copa del Mundo 2026.
En una entrevista concedida a Radio Canadá, Blatter no solo mostró su descontento con la logística del torneo, sino que calificó la influencia directa del gobierno de los Estados Unidos como un golpe mortal a la independencia del organismo.

“La intervención del presidente estadounidense en los asuntos del Mundial es lo peor que le ha pasado a la FIFA“, sentenció Blatter sin titubeos. Según el exdirigente, la forma en que se repartieron los partidos, donde Estados Unidos se quedó con la totalidad de la fase final a partir de los cuartos de final, dejando a México y Canadá con un papel secundario, no fue una decisión deportiva, sino el resultado de una presión política sin precedentes.
Blatter fue más allá al señalar una falta de liderazgo en la actual administración de la FIFA, encabezada por Gianni Infantino. “Y no hay oposición. Nunca hemos visto nada igual”, añadió, sugiriendo que la federación internacional renunció a su soberanía para evitar conflictos con el Departamento de Justicia de EE. UU., el cual lideró las investigaciones del “FIFA Gate” en 2015 que terminaron con el mandato del propio Blatter.
El exmandatario suizo argumenta que el modelo de repartición de sedes rompe con el equilibrio de una candidatura conjunta, convirtiendo a México y Canadá en meros “invitados” de una fiesta diseñada para el lucimiento de la infraestructura estadounidense.

Estas declaraciones llegan en un momento delicado, mientras las ciudades sedes en territorio mexicano y canadiense ajustan sus presupuestos ante la carga logística que representa un torneo de 48 selecciones.
Para Blatter, el precedente es peligroso: “El futbol debería ser autónomo. Una vez que permites que la política dicte dónde y cómo se juegan los partidos, la esencia del deporte desaparece”. Con estas palabras, el suizo reabre el debate sobre la transparencia en la adjudicación de sedes y pone bajo la lupa el peso real que tuvo la diplomacia en la configuración del Mundial más grande de la historia.
