En la actualidad, parece que esa “guerra” que se libró en 1971, de a brinda frutos, no ha sido fácil pero la perseverancia, el sudor y los goles comienzan a valorarse cada vez más. Un claro ejemplo, es el contrato de la Liga Mx femenil con Nike firmado en 2023.
El futbol mexicano femenil ha librado una batalla desde el inicio. No nació con apoyo total ni con grandes reflectores; al contrario, tuvo que abrirse camino poco a poco. En un principio lidió con la muy poca exposición que tenían los partidos, con escasa difusión y poco respaldo.

Pero incluso mucho antes, por allá de los noventas o inicios del 2000, imaginar una liga profesional integrada únicamente por mujeres parecía imposible. A pesar de jugar mundiales, muchas futbolistas tenían otros trabajos porque no vivían del futbol. El talento estaba ahí; las oportunidades no.
Para entender el presente, hay que regresar a los años setenta. México venía de albergar una Copa del Mundo varonil en 1970 que marcó al país. Un año después, en 1971, volvió a ser sede de un mundial. Esta vez, el escenario sería para el futbol femenil.
Del 15 de agosto al 5 de septiembre se disputó ese torneo que, aunque no fue organizado por la FIFA, sino por la Federación Internacional y Europea de Futbol Femenil (FIEFF), reunió a seis selecciones: México, Dinamarca, Italia, Argentina, Francia e Inglaterra.
Lo que ocurrió en ese torneo fue más que una competencia. Las brillantes actuaciones del combinado nacional —formado en su mayoría por jóvenes mexicanas— hicieron que el país entero soñara con un campeonato mundial. La escuadra Azteca se quedó a las puertas del título al perder la final contra Dinamarca, pero el impacto fue enorme.
Más de 100 mil personas presenciaron el subcampeonato conseguido con garra y entrega. No fue solo una derrota; fue una muestra clara de que el futbol femenil tenía lugar en México.
Esa selección de 1971 dejó figuras importantes como Alicia “la Pelé” Vargas, María Eugenia Rubio “la Peque”, Elsa Huerta y Martha Coronado, entre otras. Su logro fue todavía más grande si se considera el contexto: enfrentaron el machismo, la falta de reconocimiento y el poco apoyo. Aun así, ese momento se convirtió en un parteaguas para lo que vendría después.
Pasaron 27 años para que llegara un título oficial. En 1998, la Selección femenina ganó el campeonato femenil de la Concacaf y consiguió su primer trofeo internacional reconocido. Un año más tarde, en 1999, México participó por primera vez en una Copa Mundial organizada por la FIFA. El equipo quedó en fase de grupos frente a potencias como Brasil, Alemania e Italia, pero el simple hecho de competir en ese escenario representó un avance importante.
En 2011 llegó otro momento clave. La Selección mexicana, liderada por la histórica Maribel Domínguez y acompañada por una joven pero ya talentosa Charlyn Corral, ganó la medalla de oro en los Juegos Panamericanos celebrados en Guadalajara. Fue una señal clara de que el crecimiento era real y constante.
El paso más grande a nivel estructural llegó en 2017 con el anuncio de la Liga MX Femenil. Después de décadas en las que parecía imposible, México finalmente tuvo una liga profesional para mujeres. La primera edición dejó a las Chivas de Guadalajara como campeonas e inició una nueva etapa para el futbol femenil en el país. Con el paso de los años, la liga se ha consolidado como una de las más importantes en América Latina.

Actualmente, la Liga MX Femenil cuenta con grandes figuras nacionales e internacionales como Charlyn Corral, exjugadora del Real Madrid y goleadora histórica del torneo, así como Aerial Chavarin y Stephanie Ribeiro, entre otras. El nivel competitivo ha crecido y cada torneo exige más. Aunque la lucha por la igualdad deportiva continúa, los avances son evidentes.
Muchas veces el reconocimiento tarda en llegar. En el caso del futbol femenil mexicano, tuvieron que pasar más de cincuenta años para que las jugadoras contarán con oportunidades reales de desarrollarse profesionalmente. Sin embargo, la perseverancia marcó la diferencia. Los caminos que comenzaron a construirse en 1971 hoy son más firmes y más amplios.
El presente no es casualidad. Es el resultado de generaciones que resistieron, compitieron y no dejaron de creer que el futbol también era su espacio. Y mientras siga creciendo la estructura y el nivel, el futuro seguirá abriendo nuevas puertas para quienes vienen detrás.
¡Abramos cancha!
