La tensión era máxima en el Estadio Jalisco cuando el árbitro central señaló un nuevo penal a favor del Guadalajara durante el Clásico Tapatío ante Atlas este 7 de marzo.
Sin embargo, más allá del disparo que terminó en la red, hubo un momento que despertó la curiosidad de aficionados y analistas: la breve conversación entre Armando González y Ángel Sepúlveda antes de que se ejecutara la pena máxima.
¿Qué se dijeron?
Con el paso de las horas se reveló qué ocurrió realmente en ese intercambio. Todo comenzó minutos antes, cuando González tuvo la oportunidad de adelantar a su equipo desde los once pasos.
El joven atacante tomó el balón, se perfiló frente al arquero colombiano Camilo Vargas, pero el guardameta rojinegro logró detener el intento, lo que dejó al delantero con la espina clavada y al partido completamente abierto.
Más adelante, el Guadalajara volvió a recibir un penal. Fue entonces cuando se produjo la escena que llamó la atención en la transmisión: González y Sepúlveda se acercaron a dialogar brevemente dentro del área.
De acuerdo con lo que se reveló después del encuentro, el intercambio fue para decidir quién debía asumir la responsabilidad del segundo cobro.
El “Ángel del Gol” expresó que se sentía con mayor confianza para ejecutar el disparo en ese momento, mientras que la “Hormiga” aceptó ceder la oportunidad tras el fallo previo.
La decisión se tomó en cuestión de segundos y con un objetivo claro: elegir al jugador con mayor seguridad para asegurar el tanto.
Sepúlveda acomodó el esférico, respiró profundo y ejecutó con determinación para vencer a Vargas, desatando la celebración rojiblanca en un duelo cargado de intensidad.
Milito elogia a sus delanteros
Tras el encuentro, el técnico Gabriel Milito destacó la madurez mostrada en la cancha al reconocer el gesto de la Hormiga al priorizar el bienestar colectivo, además de señalar que el Cuate es uno de los futbolistas más confiables del plantel cuando se trata de disparos desde el manchón penal.
Así, aquella breve charla que pasó casi desapercibida durante el partido terminó convirtiéndose en una de las escenas más comentadas del Clásico Tapatío, pues reflejó compañerismo, inteligencia y sangre fría en un momento decisivo, pese a los rumores que apuntaban a todo lo contrario.
