La esperada reapertura del Estadio Azteca, rebautizado comercialmente como Estadio Banorte, terminó lejos de ser una fiesta total el pasado 28 de marzo.
Lo que debía ser un ensayo rumbo al Mundial 2026 se convirtió en un foco de críticas, especialmente por parte de los dueños de palcos, quienes denunciaron condiciones indignas dentro de sus espacios durante el partido entre México y Portugal.
Palcos en mal estado
De acuerdo con información del medio ESTO, los derechohabientes estallaron contra la administración encabezada por Grupo Ollamani al encontrarse con instalaciones deterioradas, sucias y sin mantenimiento adecuado.
Algunos propietarios señalaron que sus áreas presentaban fallas visibles, mobiliario en mal estado y servicios deficientes, lo que contrastó con la millonaria inversión realizada para modernizar el inmueble.
"Cuando llegamos los palcos estaban con dos o tres años de que no se les había pasado una jerga, encontramos más de la mitad de los palcos sin agua y sin luz, además de clavos, alambres y tubos“, denunció Roberto Ruano, secretario general de la Asociación Mexicana de Palcos y Plateas (AMTPP).
Esta situación generó molestia, ya que muchos de ellos cuentan con derechos adquiridos desde hace décadas, los cuales les garantizan el uso de estos espacios en eventos celebrados en el recinto.
El descontento no es nuevo. Desde antes de la reinauguración, ya existían tensiones entre los dueños de palcos y la administración del estadio por cambios en reglamentos, restricciones y posibles violaciones a sus contratos. Incluso, algunos grupos habían amagado con acciones legales ante lo que consideran abusos y decisiones unilaterales.
La reapertura, celebrada tras casi dos años de remodelaciones rumbo a la Copa del Mundo, también estuvo marcada por otros problemas logísticos, como fallas en servicios, desorganización y detalles aún sin terminar dentro del inmueble.
Sin embargo, el estado de los palcos encendió especialmente la polémica, ya que se trata de uno de los sectores más exclusivos del estadio.
A menos de tres meses del inicio del Mundial 2026, la situación prende focos rojos. Lo ocurrido deja en evidencia que, más allá de la modernización estética, aún existen pendientes importantes en la operación y mantenimiento del Coloso de Santa Úrsula, un recinto que está bajo la lupa internacional y que deberá estar a la altura del evento más importante del futbol mundial.
