El futuro de Nicolás Larcamón parece haber encontrado un respiro momentáneo, pero lejos está de ser una garantía de estabilidad, tras una serie de reuniones en las oficinas del club, la plana mayor decidió que el técnico argentino culmine el presente torneo.
Trascendió que el voto de confianza llega con letras chiquitas, ya que la ratificación no es un cheque en blanco, sino una tregua obligada por las circunstancias.

La directiva entiende que cortar el proceso a estas alturas sería un suicidio deportivo, pero el descontento por la eliminación en la Concachampions y la falta de regularidad en la liga han dejado la relación en un punto de no retorno.
Internamente, el mensaje hacia el cuerpo técnico fue contundente, Larcamón tiene la misión de meter al equipo de forma directa a la “Fiesta Grande” y pelear por el título; cualquier escenario que implique un fracaso prematuro en la fase final significará el fin de su ciclo de manera inmediata al término de la temporada.
Esta postura busca sacudir el vestidor y obligar a una reacción táctica que devuelva la identidad ofensiva que caracterizó al equipo en sus mejores momentos.
El estratega, consciente de que camina sobre la cuerda floja, inten sificó las sesiones de trabajo a puerta cerrada, tratando de aislar al plantel de los rumores que ya colocan a posibles sucesores en su lugar para el Apertura 2026.
El entorno del equipo vive una dualidad peligrosa; mientras la directiva intenta proyectar una imagen de unidad hacia afuera, los pasillos de la institución reflejan una planificación que ya contempla escenarios post-Larcamón.
Los nombres de candidatos externos comienzan a sonar con fuerza en los medios, lo que añade una capa extra de presión sobre un técnico que se juega su prestigio en cada partido restante del calendario.

Para Larcamón, el reto es doble: no solo debe ganar en la cancha, sino también convencer a una dirigencia que ha comenzó a perder la fe en su capacidad para gestionar los momentos de máxima exigencia.
El cierre de la fase regular será el juicio definitivo, con el margen de error reducido a cero, cada punto en disputa se convierte en un referéndum sobre la gestión del argentino.
La afición, dividida entre el apoyo al proceso y la exigencia de resultados, espera una respuesta de un equipo que, por nombres y presupuesto, está obligado a ser protagonista.
