El Estadio Azteca no es solo un recinto deportivo; es el lugar donde Cuauhtémoc Blanco y Luis Roberto Alves “Zague” alcanzaron la inmortalidad.
Previo al duelo de leyendas ante Brasil, ambos referentes compartieron la emoción de pisar nuevamente el césped de lo que consideran su hogar, especialmente tras ver las recientes remodelaciones del inmueble.
Cuauhtémoc Blanco: El reencuentro con los amigos y la gloria
Para el “Temo”, volver al Azteca es revivir los momentos que marcaron a toda una generación, particularmente aquella tarde de 1999 donde México se coronó ante el “Scratch”.
“La verdad que muy contento. Recuerdo el 99 de la Copa Confederaciones, creo que se hizo un buen partido y se logró este triunfo. Regresar al Estadio Azteca, donde escribiste una historia imborrable y sobre todo regresar con amigos con los que estuve jugando, me pone muy feliz”, declaró Blanco.
El ídolo de Tepito destacó que la mística del vestidor sigue intacta: “Desde ayer y anteayer estuvimos platicando de cuando estuvimos en el Mundial y en la Selección... lo vamos a disfrutar mucho”.
Zague: Un vínculo de sangre y récords
Para “Zaguinho”, el Azteca es una herencia familiar. Su conexión con el estadio va más allá de lo profesional, ligándose directamente con su padre, “El Lobo Solitario”.
“Para mí particularmente el Estadio Azteca tiene un vínculo muy grande, muy profundo... como siempre he dicho, es mi segunda casa. Mi padre jugó en la inauguración de este estadio y yo soy el máximo goleador de este estadio, aunque algunos no lo saben”, recordó con orgullo el histórico delantero.
Al observar las mejoras en el coloso, Zague no ocultó su satisfacción: “Internamente se ve hermoso. El amor y el cariño por el Estadio Azteca será eterno”.
Rumbo al Mundial 2026
Ambos coincidieron en que este partido es el marco perfecto para que la afición se conecte con el espíritu mundialista. “Todos los que conformamos este grupo aportamos cosas importantes para el fútbol mexicano; es un privilegio muy grande poder estar acá”, concluyó Zague, dejando claro que, aunque el estadio cambie, la jerarquía de sus leyendas permanece intacta.
