La exfutbolista Janelly Farías sacudió al futbol mexicano con una denuncia que apunta directamente a los cimientos de la Liga MX Femenil en sus primeros años.
Su testimonio revela episodios de abuso y conductas inapropiadas que, según su versión, ocurrieron en un entorno sin controles claros ni mecanismos efectivos de protección para las jugadoras.

Farías relató que un director técnico organizaba salidas con futbolistas a centros nocturnos tipo table dance, una práctica que desdibuja por completo los límites profesionales dentro de un equipo.
La gravedad aumenta al señalar que, durante esas reuniones, el propio entrenador incurría en comportamientos indebidos, incluyendo quitarse ropa frente a las jugadoras, una situación que, de confirmarse, representaría una violación directa a su integridad.
La exdefensora explicó que estos hechos ocurrieron en una etapa temprana de su carrera, cuando la estructura del futbol femenil en México aún se encontraba en construcción.
En ese contexto, aseguró que no existían protocolos claros para denunciar, ni canales confiables que garantizaran acompañamiento o protección. El miedo a represalias, sumado a la incertidumbre sobre su futuro profesional, terminó por imponer el silencio.
El señalamiento abre una discusión profunda sobre las condiciones en las que se desarrolló la liga desde su creación en 2017.
Si bien el crecimiento deportivo ha sido notable, la denuncia de Farías expone posibles vacíos en la regulación interna y en la supervisión de conductas dentro de los clubes durante sus primeras etapas.
En redes sociales, el tema se posicionó como tendencia, generando indignación y exigencias de investigación, voces del entorno deportivo coincideieron en la necesidad de esclarecer los hechos y, sobre todo, de reforzar los mecanismos que protegen a las jugadoras en la actualidad.

Hasta ahora, no se ha dado a conocer una postura oficial que confirme la apertura de un proceso específico por estos señalamientos, pero en años recientes se implementaron protocolos dentro de la liga para prevenir y atender casos de violencia o acoso, lo que refleja una evolución institucional frente a problemáticas que antes no estaban plenamente reguladas.
Romper el silencio, punto de quiebre
La denuncia de Janelly Farías trasciende lo individual, se convierte en un punto de quiebre que obliga a revisar el pasado del futbol femenil mexicano y a cuestionar las condiciones en las que muchas jugadoras iniciaron sus carreras.
Hoy, con una liga más consolidada, el reto es garantizar que estas situaciones no se repitan. La credibilidad del proyecto no solo depende de lo que ocurre en la cancha, sino también de la seguridad y el respeto fuera de ella.
