El boxeo mexicanoperdió a su máxima autoridad moral frente al micrófono, la partida de Eduardo Lamazón no solo deja un hueco en la crónica deportiva, sino que apaga la voz que, durante décadas, brindó certeza cuando los jueces oficiales entregaban tarjetas inexplicables.
“Don Lama” no era solo un analista; era el hombre que, con un “¡Momento, momento!”, ponía orden al caos y justicia al cronómetro.

La tarjeta que valía más que un cinturón
El mayor legado de Lamazón fue, sin duda, su tarjet; en un deporte donde la subjetividad de los jueces suele manchar grandes combates, la puntuación de Eduardo se convirtió en el estándar de oro para el aficionado.
Mientras los jueces a ras de lona a veces veían peleas distintas, el público esperaba con ansias el reporte de Lamazón para confirmar lo que sus ojos dictaban.
Su sistema no era una simple suma de números; era una cátedra de apreciación. Eduardo enseñó a la audiencia mexicana a puntuar la agresividad efectiva, la defensa técnica y el dominio del ring. Logró algo casi imposible en la televisión moderna: que un segmento técnico de puntuación fuera tan emocionante como un nocaut.
La voz de la justicia ante la polémica
Eduardo Lamazón nunca temió ir en contra de la corriente, sus tarjetas se volvieron históricas en noches donde la controversia reinaba en Las Vegas o la Ciudad de México. Si un peleador era despojado injustamente, la tarjeta de “Don Lama” servía como el documento oficial de la indignación popular.
Su rigor técnico venía de una formación profunda, habiendo servido años atrás como secretario del Consejo Mundial de Boxeo (CMB). Esa transición de los despachos a la televisión le permitió hablar con una propiedad que nadie podía cuestionar. No solo decía quién ganaba; explicaba por qué, con una elocuencia que dignificaba cada intercambio de golpes.

El fin de una era en “La Casa del Boxeo”
Con su partida, se cierra uno de los capítulos más brillantes de la crónica deportiva en México, el equipo que formó en las transmisiones de los sábados por la noche pierden su brújula técnica. Eduardo Lamazón logró que el boxeo fuera entendido como una ciencia y no solo como un intercambio de fuerza.
