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La ola de México

La ola de México
La ola de México (Especial)

La Copa del Mundo de México 86 permanece como una de las más recordadas de nuestra generación. México recibió el torneo apenas unos meses después del terremoto de 1985, cuando la devastación puso a prueba a la Ciudad y también reveló la fuerza de sus movimientos vecinales, populares y solidarios. De esa herida surgió una forma de organización social que todavía define a la capital, una ciudad capaz de levantarse, reconstruirse y cuidar a los suyos.

Ese Mundial también trajo una revolución al juego. Fue el torneo del balón Azteca, el primero fabricado con materiales sintéticos, una innovación que modificó el comportamiento de la pelota y abrió una nueva etapa tecnológica para el futbol. Fue, además, el Mundial de imágenes que quedaron grabadas en la memoria popular. Mar Castro, La Chiquitibum, cautivó a millones de aficionados. El Estadio Azteca se convirtió en símbolo global. La Mano de Dios y el gol más bello del mundo hicieron historia. Y la Ciudad de México, aun después del dolor, encontró ánimo para hacer una fiesta inolvidable.

Pero hubo otro gesto, sencillo y poderoso, que llenó de emoción los estadios y terminó por darle la vuelta al planeta. Ese gesto fue la ola.

El 3 de junio de 1986, durante el partido entre México y Bulgaria, más de 100 mil personas se levantaron y se sentaron de manera sucesiva en el Estadio Azteca. Aquella coordinación espontánea formó una marea humana, una danza colectiva que recorrió las gradas y llenó de energía el recinto. La escena se repitió una y otra vez durante el torneo. La ola no sólo sirvió para apoyar a México, también mostró al mundo algo más profundo, que podemos ponernos de acuerdo en un gesto simple y convertirlo en una emoción compartida.

En muchos países le dicen The Mexican Wave. Para nosotros es, simplemente, la ola.

Por eso, el Gobierno de la Ciudad de México ha lanzado una convocatoria para que el próximo 31 de mayo, a las 8 de la mañana, llenemos el Paseo de la Reforma y hagamos una ola entre todos. Queremos que la Ciudad mueva, otra vez, la marea del mundo. No es casual que ocurra en una capital fundada sobre un lago, acostumbrada a convivir con sus capas de historia, memoria y transformación.

En medio de tensiones globales, conflictos y desencuentros, la Ciudad de México quiere enviar un mensaje distinto, que somos una ciudad generosa, abierta y hospitalaria. Una ciudad que sabe recibir. Una ciudad que nunca ha dejado de jugar.

La pelota vuelve a casa. Y esta vez, la ola también.

Radar: La Jefa de Gobierno, Clara Brugada, asistió al Foro Urbano Mundial en Bakú (Azerbaiyán). Ahí dio un mensaje sobre la respuesta que deben dar las ciudades y los gobiernos locales ante los desafíos urbanos. La respuesta está en lo local.

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