En el futbol casi nunca se aplaude a un árbitro, se le reclama, se le grita, se le discute cada silbatazo y, si se equivoca, se vuelve tendencia, pero Omar Artan está viviendo algo muy distinto: la afición se le está rindiendo.
El árbitro somalí, considerado en este momento como el mejor silbante de África, fue designado por la UEFA para dirigir la Supercopa de Europa entre Paris Saint-Germain y Aston Villa, programada para el 12 de agosto en Salzburgo, Austria.
Esto luego de que tuvo que regresar a su país porque autoridades de Estados Unidos le negaran la entrada para participar en el Mundial 2026.
Lo que parecía un golpe durísimo en su carrera terminó detonando el reconocimiento internacional, a Artan se le cerró la puerta de la Copa del Mundo, pero se le abrió otra en uno de los partidos más importantes del calendario europeo.
Final europea
Omar Artan había sido seleccionado por la FIFA para trabajar en el Mundial 2026, lo que lo habría convertido en el primer árbitro somalí en participar en una Copa del Mundo; sin embargo, fue rechazado al llegar a Miami pese a contar con documentación válida, de acuerdo con reportes internacionales.
Al respecto, funcionarios estadounidenses señalaron supuestas preocupaciones de seguridad y se mencionó que su país tiene vínculos con grupos terroristas, pero no presentaron pruebas públicas que confirmaran las acusaciones.
La FIFA, por su parte, aseguró que no tenía facultades para imponerse a las decisiones migratorias del país anfitrión.
Gianni Infantino, presidente del organismo, argumentó en conferencia de prensa que la FIFA no era “rey del mundo” para obligar a gobiernos o cuerpos policiales a permitir el ingreso de una persona.
Respaldo de la UEFA
La UEFA respondió dando el respaldo a Artan, por lo que será el árbitro central de la Supercopa de la UEFA, donde se enfrentarán el campeón de la Champions League, PSG, y el ganador de la Europa League, Aston Villa.
El partido se jugará el 12 de agosto en el Stadion Salzburg, en Austria.
Aleksander Čeferin, presidente de la UEFA, defendió la decisión al señalar que el futbol está hecho para conectar a las personas y que el organismo quiere mostrar respeto por Artan y sus capacidades arbitrales.
La designación también fue trabajada con la Confederación Africana de Futbol y su presidente, Patrice Motsepe, quien destacó que Artan ha hecho sentir orgullosa a Somalia y al continente africano.
El árbitro al que sí ovacionan
La historia creció todavía más cuando Artan regresó a Somalia y fue recibido como héroe, siendo que para un árbitro, esa escena es casi impensable: aficionados celebrando a un silbante como si se tratara de un goleador o una estrella de selección.
Ese respaldo le da simbolismo al caso, demuestra que Artan no solo representa a Somalia; también se convirtió en una figura de orgullo para el arbitraje africano y en un ejemplo de cómo el futbol puede responder cuando una decisión política deja fuera a uno de sus protagonistas.
A sus 34 años, el somalí llega al foco europeo tras ser reconocido como uno de los mejores árbitros de África y después de dirigir la final de la Liga de Campeones de la CAF, uno de los partidos más importantes del continente.
Manchas en el Mundial 2026
El veto a Artan evidenció una política de exclusión a personajes que serían parte de la justa mundialista, y no es el único caso, también se dio el retraso a la autorización de visas al cuerpo técnico de Sudáfrica o la negativa para que Irán duerma en territorio estadounidense.
Para muchos especialistas estos casos de xenofobia encienden las alertas en el torneo que se proyectó como el más amplio e incluyente del mundo, pero que en la práctica dista de tales características por parte de uno de los anfitriones.
Así, el caso del árbitro somalí mostró que las decisiones migratorias pueden afectar incluso a personal seleccionado por la FIFA.
La polémica aumentó las preocupaciones sobre la política de ingreso a Estados Unidos durante el Mundial, un punto que también fue señalado por funcionarios de derechos humanos de Naciones Unidas.
Para la FIFA, el episodio fue una derrota operativa; para la UEFA, una oportunidad de mandar un mensaje, y para Artan, una revancha inmediata.
