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Así fue la terrible infancia de Jennifer Lawrence

La actriz estadounidense superó un sinfín de situaciones antes de convertirse en una de las intérpretes más queridas de Hollywood

A pesar de que Jennifer Lawrence es una de las actrices más reconocidas de Hollywood. Antes de su gran debut, vivió fuertes situaciones que marcaron tanto su infancia como su adolescencia.

La actriz de 31 años se ha catapultado a la fama una y otra vez gracias a su destacada participación en la pantalla grande.

En más de una década de carrera, la protagonista de “Mother” ha enamorado a la audiencia con icónicos  personajes, como Katniss Everdeen en “Los Juegos del Hambre”, “Joy Mangano” en “Joy”, “Mystique” en “X-Men”, entre otros.

Su gran debut como protagonista se dio en “The Bill Engvall Show”, una serie de comedia que fue estrenada en 2007.

Para alcanzar la gran fama y posición de la que disfruta en la actualidad, la actriz tuvo que sobreponerse a difíciles momentos. Además, de vivir una dura infancia en la cual fue ignorada por sus compañeros de colegio, por otro lado sus padres no eran los más atentos con ella, lo que despertaba un sentimiento de soledad permanente.

“Mi niñez fue infeliz, yo vivía muy ansiosa. De hecho, hasta tuve que ir a un terapeuta porque mis papás ya no sabían qué hacer conmigo. Fue una etapa muy dura. No quiero dar a entender que fui infeliz siempre, pero en mi infancia no la pasé bonito”, reveló la actriz de 31 años durante una entrevista.

Durante su adolescencia no logró ser la joven más social así que al no adaptarse con el resto de sus compañeros, en numerosas ocasiones fue necesario cambiarla de colegio. Según la misma actriz comentó, la difícil situación la llevó a convertirse en mentirosa para poder amoldarse a ciertas personas y así lograr ser aceptada.

La actriz originaria de Indian Hills, Kentucky, decidió mudarse a Nueva York en busca de cumplir su sueño de ser actriz, pero durante sus inicios se vio en la obligación de vivir en precarias condiciones, al no tener el apoyo económico de su familia.

En “La Gran Manzana” alquiló un pequeño departamento en los suburbios y que no tenía muebles. Mientras buscaba la forma de entrar en el medio artístico, trabajó en otras ocupaciones para pagar el alquiler y sostenerse en la nueva ciudad.

“Me criaron las ratas y eso te hace más fuerte. Llegué a un punto en el que literalmente compartía mi comida con ellas. No tenía nada de dinero. Me comían el pan, lo único que tenía, y yo llegaba con hambre, le sacaba el pedacito mordido, y el resto me lo comía”, reveló la actriz durante una entrevista con The Sun.

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