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¿Coincidencia o destino?: Personalidades que la vida le arrebató al rock

Quizá la vida les tenía preparado un destino distinto a sus primeras pasiones, pero ¿qué hubiera pasado si no se hubieran alejado del rock?

Dos de las historias sí continuaron en la música, pero una mano dura materna y paterna, respectivamente, quizá nos privaron de buenos exponentes del rock mexicano.

Diego Martucci, es un músico italiano que se enamoró de la música de mariachi y desde hace varios años lleva la emblemática música mexicana por los rincones de su país y otros países de Europa.

Nacido en Anagni, una ciudad cerca de Roma, Diego comenzó a estudiar música cuando tenía 11 años y posteriormente su vida profesional se volcó hacia el jazz, el rock y el blues, pero fue un encuentro casual con el mariachi que hizo que el egresado de Saint Louis College of Music se enamorara del sonido del guitarrón y convertirse así en un mariachi italiano.

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Martucci conoció a Dominico Pasquini “Mimmo”, el fundador del mariachi Romatitlán, un conjunto que interpreta la música regional mexicana en Italia y al conocer más sobre el mundo del mariachi dejó el blues y el rock para apostar por su nueva pasión.

La historia de este músico italiano sirve como pretexto para recordar o conocer las historias de personalidades que la vida le arrebató al rock y con las que inevitablemente surge la pregunta ¿qué hubiera pasado si…?

Chicho Che

Qué hubiera pasado si Francisco José Hernández Mandujano, mejor conocido como Chico Che hubiera continuado en el camino del rock con Los Temerarios de Chico Che, sí así como lo lees, los inicios en la música del ícono de la música tropical estuvieron influenciados por el rock.

Desafortunadamente, la agrupación también conocida como Los Temerarios de Tabasco corrió con la misma suerte que ‘Los 7 modernistas’, ‘Los Klippers’ y ‘Los Bárbaros’, otras bandas que el tabasqueño formó al ritmo del hard rock, ninguna alcanzó el éxito esperado.

Fue en la música tropical donde Chicho Che llegó a los cuernos de la luna, pues grabó 45 LPs y participó en al menos cuatro películas; además recibió discos de oro y platino debido a que su música se volvió todo un fenómeno.

El Perro Bermúdez

Una de las voces más emblemáticas de México no siempre estuvo enfocada a la narración de eventos deportivos, en 1972 Enrique Bermúdez de la Serna de apenas 22 años era el cantante de una banda de rock psicodélico llamada Last Soul Division (LSD).

Aunque la agrupación no logró colocarse en el gusto del público como otras que resistieron los prejuicios sociales y gubernamentales, el creador de íconicas frases en la narración de partidos de futbol cuenta que en una ocasión su banda de abrió a The Doors en un concierto que tuvieron en el entonces Distrito Federal y algo aún más increíble es que asegura se tomó un whiskey con mismísimo Jim Morrison.

Sin embargo, la música no tuvo más que ofrecerle al Perro Bermúdez e inició su carrera en los medios de comunicación en 1976, sólo cuatro años después del debut de LSD.

Las siguientes dos historias sí continuaron en la música, pero una mano dura materna y paterna, respectivamente, quizá nos privaron de buenos exponentes del rock mexicano

Cristian Castro

Cuenta la leyenda que el hijo mayor de la actriz Verónica Castro se veía triunfando en la música como parte de una banda de rock, en el metal para ser exactos, y para nadie es un secreto que Cristian Castro es poseedor de una de las mejores voces de México, pero la actriz obligó al cantante a seguir el camino del pop y la balada.

No es queja, la voz de Cristian luce en cualquier género que haya interpretado el cantante; no obstante, aquí no aplica cuestionarse qué hubiera pasado si, ya que después de consolidarse como artista, al grado de hacer temblar al propio Luis Miguel, Cristian Castro sí incursionó en el rock.

En 2014 creó una banda de metal llamada La Esfinge, en la que colaboró junto al guitarrista César “Vampiro” López, músico mexicano que también formó parte de bandas como Maná, Azul Violeta y Jaguares.

Pepe Aguilar

Cerramos esta serie de historias con Pepe Aguilar, cuando uno de los herederos de la música mexicana tenía 19 años formó su banda de rock, Equs, y aunque creció escuchando la música de su papá, Antonio Aguilar, de José Alfredo Jiménez y de Javier Solís, también tuvo influencias de grupos de rock como Pink Floyd y Genesis gracias a su hermano.

Con Equs fue que Pepe Aguilar grabó su primer disco. La agrupación cuya música comenzó a promocionarse en Monterrey, Nuevo León, tuvo una corta trayectoria que abarcó de 1985 a 1987.

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Pero tal como en el caso de Chico Che y el Perro Bermúdez, tampoco obtuvo el éxito que esperaba con la banda y encima de todo a Antonio Aguilar, no estaba de acuerdo con su proyecto de rock, pues debía continuar con el legado.

Es así es que Equs dejó canciones como “Al filo del tiempo” y “Se cansó de esperar”, ante la oposición de su padre y que la banda no se hizo de un nombre, Pepe decidió continuar con la música ranchera y lanzó en 1990 su primer disco solista, “Pepe Aguilar con tambora”.

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