Amara Maple, conocida mundialmente bajo el seudónimo de Lana Rhoades, protagonizó una contundente declaración pública en la que solicitó la eliminación total de su filmografía de internet.
La exactriz, quien abandonó la industria del cine para adultos años atrás, manifestó un profundo rechazo hacia el contenido que grabó durante su juventud y aseguró que su objetivo prioritario era “recuperar su dignidad” y desligarse definitivamente de una etapa que calificó como un error producto de la ingenuidad.
A través de intervenciones en podcasts y publicaciones en redes sociales, Rhoades confesó que la existencia permanente de esos videos le generaba una angustia constante.
“Me arrepiento”, sentenció en repetidas ocasiones, explicando que al momento de firmar los contratos apenas tenía 20 años y carecía de la madurez necesaria para comprender las consecuencias a largo plazo de ceder sus derechos de imagen a perpetuidad.
Durante sus declaraciones, la joven expuso la crudeza de la industria, señalando que, a pesar de haber sido una de las actrices más buscadas en las plataformas de streaming, no poseía control alguno sobre el material.
Rhoades lamentó que productores y empresas continuaran lucrando con su imagen años después de su retiro, mientras ella intentaba construir una vida familiar y criar a su hijo lejos del estigma.
Es asqueroso saber que la gente me ve de esa manera”, expresó con frustración, refiriéndose a la imposibilidad de borrar su rastro digital.
La influencer advirtió a las nuevas generaciones sobre los peligros de ingresar a este sector, desmitificando la idea del empoderamiento sexual que a menudo se vende en redes sociales.
Según su testimonio, la experiencia fue explotadora y traumática. Relató que se sintió utilizada por una maquinaria comercial que se aprovechó de su vulnerabilidad económica y emocional en aquel momento.
Su petición abrió un debate sobre el “derecho al olvido” y la ética en la distribución de contenido para adultos. Rhoades argumentó que el consentimiento otorgado en el pasado no debería ser una sentencia de por vida, especialmente cuando la persona ha cambiado radicalmente su postura y valores.
