Edgar Ramírez regresó a México tras presentar Aún es de noche en Caracas a principios de enero en Guadalajara. Antes de su estreno en salas, el actor conversó con Publimetro sobre una película que le remueve emociones profundas y que concibe como una historia poderosa para el espectador.
Aún es de noche en Caracas es un relato de supervivencia en la Caracas contemporánea, donde una mujer desesperada intenta huir en medio de la violencia y el desarraigo. Aunque la historia se desarrolla en Venezuela, su discurso resulta homologable a otros territorios. La película transita por momentos oscuros, de profunda reflexión, pero también de resistencia y esperanza, un punto clave dentro de una ficción que dialoga con realidades que no se viven únicamente en Venezuela, sino también en otros países.

¿El cine siempre es una buena manera de contar estas historias?
— Sí claro, un instrumento maravilloso de empatía. Hay una cosa que el cine logra que es maravilloso y es acercarte, acercarte al otro, entender al otro, acercarte al drama del otro. Hay algo maravilloso que sucede, sobre todo cuando lo ves en una sala, como que quedas completamente envuelto, como si estuvieras allí con la gente y para nosotros, como les decía yo al principio, para nosotros era muy importante que esta película se pusiese el acento en el drama humano y en las historias íntimas de esta gran tragedia que viene sucediendo en mi país en los últimos 25 años, pero sin un deseo de politizarlo, sin deseo de devolverlo algo proselitista, nunca fue la intención para ninguno de los involucrados en la película.
<i>Aun cuando la película es política, porque todo arte es político, la intención detrás de la película no es política, es la intención de hablar de un drama humano"</i>
— Edgar Ramírez
¿Cuál es el mensaje detrás de la cinta?
— Queremos que esto fuera principalmente un vehículo artístico, un vehículo artístico para hablar de la condición humana y para hablar del límite de la condición humana para los venezolanos como muchas otras personas en el mundo que han pasado por la tragedia de sistemas totalitarios. Nuestras opciones han sido, nuestras decisiones han sido entre malas y peores y ese ha sido siempre el drama, ese es el drama central, que como algo problemático, algo que es profundamente problemático, termina siendo preferible a un horror que ya ha sido normalizado porque se han agotado todas las opciones viables, todas las salidas viables y lo que quedan son opciones imposibles, donde la víctima se ve obligada, se ve forzada a convertirse en victimario, a hacer cosas que son moralmente cuestionables.
Y al victimario inicial te terminas dando cuenta que también es una víctima, que también está oprimido, que también está amenazado por una fuerza mayor y esa es la gran tragedia de los sistemas totalitarios que envilecen el alma, envilecen a todo el mundo porque todos los espacios son completamente invadidos, por eso se llaman, está en la palabra totalitario, no hay nada que se escape a la influencia y a la opresión del sistema. Y eso para mí era muy conmovedor y muy importante de contar. Más allá, creo que de alguna manera para los venezolanos involucrados en esta película fue catártico hablar del drama universal que está contenido en nuestro drama personal.
¿Qué fue lo que más te removió a nivel de productor y como venezolano?
— Creo que lo que más me ha movido es desde que comenzó todo el periplo de nuestra película, desde que la estrenamos el año pasado en el Festival de Cine de Venecia, lo cual fue un gran honor, mi primera película como productor se estrena en uno de los festivales de cine más importantes del mundo. Luego hicimos el paso por Toronto y luego hicimos el estreno para América Latina en mi festival favorito, o sea uno de mis festivales más importantes que es el Festival de Morelia, fue el estreno para América Latina.
Cómo diferentes audiencias de todas partes del mundo se identifican con la película, creo que eso ha sido la parte que más me ha conmovido. Cómo la gente puede verse reflejada o pueden ver reflejadas las realidades que vivieron, que han vivido ellos mismos o que vivieron sus abuelos o que vivieron sus padres. Cuando he visto la película con gente alemana se ha visto reflejada por la tragedia de los años 30 con el nazismo; luego ves la película con gente de los Balcanes y se sienten identificados por la tragedia de Bosnia y Herzegovina; cuando le muestras la película a las iraníes también.
Entonces eso para mí era lo más importante, que fuese una película que, como instrumento, como vehículo artístico, pudiera conmover y pudiera servir de puente de empatía para entender mejor al otro, para aumentar nuestra capacidad de sentir compasión por el otro y sentir que al final no estamos tan lejos.

Al final, esta película también se vuelve una declaración de amor a tu país, a esa lejanía y a esa cercanía al mismo tiempo.
— Sí, sí, sí, yo, perdón que me emociono, ha sido muy doloroso, porque no han sido cinco años ni diez, han sido 25 años. Para mis sobrinos ha sido toda su vida, para mí ha sido la mitad de mi vida, para mi padre fueron los últimos años de su vida. Ha sido muy duro. Siempre la pregunta central es cómo llegamos hasta aquí, cómo un país se fue destruyendo a lo largo de un cuarto de siglo.
Para nosotros, los venezolanos involucrados, la directora Mariana Rondón y Marité Ugás —Marité es peruana pero vivió muchos años en Venezuela, de modo que es venezolana de alguna manera—, Natalia Reyes que es colombiana, pero Colombia ha tenido su gran cantidad de tragedias, de desgracias y de dolor, era muy importante que esta película no estuviera determinada por el rencor, ni por la venganza, ni por la revancha, ni por el proselitismo o intenciones políticas.
¿La empatía se vuelve el lazo más fuerte?
— La cinta ha tenido la oportunidad de conmover a muchas personas y obviamente esa es mi gran ilusión, porque el odio no construye, lo que construye es la compasión. Ese es el sentimiento detrás de la película: poder contar una historia que permita que la empatía y la compasión por los demás pueda abrirse y que tú como mexicana, la gente que ha visto la película, pueda sentir esa empatía y pueda quizás despertar la curiosidad por saber más de lo que pasó en Venezuela, como igual que en otros países. Es decir, la invitación es a mirar más de cerca el drama de los demás.
Claves de Aún es de noche en Caracas
Elenco: Natalia Reyes, Moisés Angola, Sheila Monterola, Samantha Castillo y Edgar Ramírez. Dirección y guion: Marité Ugás y Mariana Rondón.
Adaptación: Mariana Rondón y Marité Ugás explicaron que la cinta representó un reto: “Por un lado, respetar la conmoción que nos inspiró la novela y, a su vez, permitirnos ir más allá y entender nuestras poderosas raíces, los orígenes de toda la región latinoamericana, un territorio cargado de utopías soñadas por los próceres del siglo XIX”.

¿Cuándo y dónde se estrena en México?
5 de febrero llega a las salas de cine.
