En una ceremonia marcada por el despliegue de influencia política y financiera, el presidente Donald Trump inauguró formalmente la Junta de Paz, una nueva institución internacional que busca rediseñar el orden diplomático global. Con una aportación inicial de 10 mil millones de dólares por parte de Estados Unidos, el organismo centrará sus primeros esfuerzos en la reconstrucción de la Franja de Gaza, posicionándose como una alternativa directa a la estructura de las Naciones Unidas.
El evento tuvo lugar en el recién rebautizado Instituto de la Paz “Donald J. Trump”, donde el mandatario estuvo acompañado por cerca de dos docenas de jefes de Estado, entre los que destacaron el argentino Javier Milei, el paraguayo Santiago Peña y el húngaro Viktor Orban.
La ausencia de líderes de Europa occidental subrayó la división ideológica que esta nueva alianza genera en el escenario internacional. Durante su intervención, Trump enfatizó que la rehabilitación de Gaza contará con el respaldo financiero de países del Golfo y Japón.
Ali Shaath, jefe de la administración provisional para el territorio palestino, agradeció el liderazgo de Washington en este proceso. El plan de seguridad contempla el despliegue de una fuerza policial integrada por efectivos de Egipto y Jordania, mientras que naciones como Indonesia, Marruecos y Kazajistán aportarán tropas militares para garantizar la estabilidad en la zona.

Sin embargo, el tono de concordia se tornó en advertencia cuando el presidente se refirió a Irán. Trump exigió a Teherán la firma inmediata de un acuerdo que ponga fin a sus ambiciones nucleares y militares, otorgando un plazo de diez días para observar avances concretos: “La paz es una palabra fácil de pronunciar, pero difícil de producir”, sentenció el mandatario, quien mantiene simultáneamente negociaciones en el conflicto entre Rusia y Ucrania.
La operatividad de la Junta de Paz entra ahora en una segunda fase crítica centrada en el desarme de Hamás. Mientras el negociador Steve Witkoff reporta avances sólidos, Israel mantiene exigencias estrictas sobre la eliminación total de armamento en la región para garantizar su seguridad. Por su parte, portavoces de Hamás demandan que el organismo obligue a Israel a levantar el asedio territorial.
Bajo los estatutos de esta institución, Donald Trump conserva poder de veto y la facultad de liderar el organismo incluso tras concluir su mandato presidencial. Además, los países que deseen membresía permanente deberán realizar una contribución de mil millones de dólares, consolidando un modelo de diplomacia donde el músculo económico y la autoridad ejecutiva de Washington dictan las reglas del juego.
