La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, desató una tormenta política que fue más allá del golpe al narcotráfico.
El operativo federal que terminó con su abatimiento fue presentado como uno de los mayores éxitos de seguridad en los primeros años del gobierno de Claudia Sheinbaum, quien asumió la Presidencia en 2024. Sin embargo, la conversación pública se desplazó rápidamente del terreno de la seguridad al de la confrontación partidista.
Epigmenio Ibarra celebra abatimiento de El Mencho y pide que arresten a Felipe Calderón
El productor y asesor político Epigmenio Ibarra, identificado abiertamente con Morena, celebró la caída del capo en redes sociales y la vinculó de inmediato con responsabilidades de gobiernos pasados. En sus tuits, sostuvo que tras la cárcel de Genaro García Luna debería venir la rendición de cuentas del expresidente Felipe Calderón, a quien atribuye una “responsabilidad histórica” en el crecimiento del CJNG durante la llamada guerra contra el narcotráfico.
La polémica no gira únicamente en torno a sus opiniones —que forman parte del debate político— sino al momento y al tono. Mientras en Jalisco se registraban bloqueos y tensión tras el operativo, Ibarra convirtió el hecho en munición discursiva contra la oposición. Sus críticos lo acusan de actuar como vocero oficioso del oficialismo y de utilizar un acontecimiento de seguridad nacional para reforzar la narrativa de que el desastre actual es herencia exclusiva del pasado.
El trasfondo es delicado: México acumula más de una década de violencia ligada a la expansión de los cárteles. La caída de “El Mencho” es simbólica y estratégica, pero no resuelve por sí sola la crisis. En ese contexto, la celebración política prematura y la asignación automática de culpas profundizan la polarización. El golpe al crimen organizado es innegable; el uso político del acontecimiento, también.
