El circo mediático finalmente chocó de frente con la “disciplina” política. En un movimiento que muchos califican como una burla al electorado, Morena ha decidido suspender los derechos partidarios de Sergio Mayer Bretón.
La razón es tan escandalosa como previsible: el actor y ahora político decidió que era más importante participar en un reality show, La Casa de los Famosos, que cumplir con su labor en la Cámara de Diputados.
Morena castiga la “ambición personal” de Sergio Mayer por preferir un reality show
La Comisión Nacional de Honestidad y Justicia (CNHJ) de Morena fue contundente al señalar que el actuar de Mayer generó un “impacto negativo a la imagen del movimiento”. Según la resolución CNHJ-CM-068/2026, la decisión del diputado de pedir licencia para atender asuntos mediáticos de índole personal se percibe como una subordinación del interés colectivo a fines individuales. Para el partido, esto no es solo una falta de ética, sino una violación directa a la coherencia que se espera de sus representantes.
Lo que añade una capa de cinismo al asunto es la evidente contradicción del actor. Mientras la periodista Sabina Berman revivía una entrevista en la que Mayer aseguraba tajantemente que “nunca pediría licencia para hacer un programa”, la realidad terminó por desmentirlo de la forma más pública posible. Esta conducta, según la CNHJ, pone en grave riesgo la credibilidad y cohesión interna del instituto político, al proyectar una imagen de tolerancia hacia comportamientos contrarios a sus principios.
Mientras Mayer busca los reflectores de la televisión, su lugar en el Congreso ya ha sido ocupado por un comerciante de la Central de Abasto, quien ya rindió protesta como diputado suplente. Este escándalo deja una pregunta incómoda en el aire: ¿hasta cuándo los partidos permitirán que figuras mediáticas utilicen las curules como meros trampolines de fama personal? Como señalan voces críticas, si se elige a un payaso, no deberían sorprender las payasadas.
