La irreverencia y el humor sin filtro regresan con la segunda temporada de Ted, la serie precuela basada en la exitosa película creada por Seth MacFarlane. En esta nueva entrega, la historia vuelve a centrarse en la particular amistad entre un oso de peluche políticamente incorrecto y un adolescente que atraviesa los desafíos propios de crecer en los años noventa. Con un tono que mezcla nostalgia, comedia ácida y momentos entrañables, la producción promete redoblar la apuesta y profundizar en los vínculos que sostienen a sus personajes.
La segunda temporada se estrena el próximo 6 de marzo y contará con ocho episodios que estarán disponibles en exclusiva a través de UNIVERSAL+. Esta nueva tanda de capítulos continúa explorando la dinámica entre Ted y John Bennett, mostrando cómo ambos enfrentan los cambios de la adolescencia, las tensiones familiares y los dilemas que implica crecer sin perder el sentido del humor.
En este contexto, coversamos con Max Burkholder, quien interpreta a un joven John Bennett en la serie. En entrevista con Publimetro, el actor comparte cómo ha sido volver a este universo cargado de ironía, qué podemos esperar de esta segunda temporada y cómo vive la experiencia de dar vida a un personaje que equilibra ternura y caos en partes iguales.
Ted y John vuelven más atrevidos e irreverentes
Para Max Burkholder, la segunda temporada de Ted no rompe con lo que el público ya conoce, pero sí amplifica todo aquello que hizo funcionar a la primera entrega. “Sigue siendo en gran parte lo mismo. Es muy similar. Tiene el mismo sentido del humor, el mismo elenco fantástico”, explica. Sin embargo, señala que esta vez “los riesgos son un poco más grandes” y que la producción creció de manera visible.
El actor destaca que los nuevos episodios apuestan por más locaciones, escenarios distintos y una realidad todavía más exagerada. “El sentido elevado de la realidad está mucho más marcado esta temporada, de una forma muy divertida, casi caricaturesca”, comenta, dejando claro que el espíritu irreverente creado por Seth MacFarlane se mantiene intacto, pero con un impulso renovado.
Hablar del viaje de John Bennett implica aceptar una regla básica del universo narrativo de MacFarlane. “Parte de lo que amamos de sus series, ya sea esta, Family Guy o American Dad!, es que los personajes realmente no aprenden nada. Y si lo hacen, lo olvidan en el siguiente episodio”, dice entre risas.
La razón por la que es fácil identificarse con Ted
Si hay algo con lo que el actor se identifica plenamente es con el impulso adolescente de evadir responsabilidades. “Esa necesidad de no hacer nada, descansar, pasar el rato con tus amigos y ser mayormente irresponsable… es demasiado fácil identificarse. Eso es todo lo que quiero hacer”, confiesa.
Aunque admite que ya no está en edad para entregarse por completo a ese estilo de vida, asegura que todavía se aferra a esa energía con todas sus fuerzas. Esa dualidad entre la madurez inevitable y el deseo de seguir jugando es lo que le da autenticidad a su interpretación.
Sobre lo que esta temporada revela del oso más incorrecto de la televisión, Burkholder no cree que se trate de mostrar una faceta desconocida, sino de llevar lo conocido al extremo. “Vamos a ver lo ridículas y descabelladas que pueden volverse las cosas entre John y Ted”, adelanta.
Explica que muchas historias parten de “una idea que podría ser buena”, pero que ambos personajes la llevan a su “extremo lógico” hasta convertirla en algo que “no ayuda a nadie y molesta a todo el mundo”. Esa espiral absurda es, precisamente, el motor cómico de la serie.
Para el actor, la irreverencia es lo que lleva al público a conectar con Ted. Burkholder considera que todos guardan una parte interna que cuestiona la autoridad, que no quiere obedecer y que busca abrirse paso a su manera. “Ted es como la versión externa de esa parte interna que todos tenemos”, explica. La serie, entonces, funciona como una válvula de escape para ese impulso rebelde que rara vez se muestra sin filtros.
¿Qué esperar de la nueva temporada?
Para los fans de las películas, la nueva temporada representa “casi cuatro horas más de ese increíble material” que ya conocen. Y para quienes disfrutaron la primera entrega, encontrarán todavía más de esa “extraña mezcla entre lo caricaturesco y lo extrañamente aterrizado” que caracteriza al universo televisivo de MacFarlane.
En el fondo, dice, la esencia permanece: una familia tipo sitcom que, aunque está completamente desquiciada, “realmente se ama”.
Lejos de centrarse únicamente en su propio trabajo, Burkholder aprovecha para destacar a sus compañeros. “Scott, Alanna y Giorgia están increíblemente bien esta temporada. No solo en comedia, también tienen momentos dramáticos muy fuertes”, afirma.
Sin revelar detalles, menciona que habrá episodios donde los personajes atraviesan situaciones más pesadas, demostrando que el casting “no pudo haber sido mejor” para dar vida a esta familia caótica pero entrañable.
Lo que la comedia le enseñó
Trabajar en Ted también le dejó una lección técnica sobre el oficio. Según explica, hacer comedia exige dos perspectivas opuestas: una externa y analítica para entender qué hace que algo funcione, y otra completamente inmersiva al momento de actuar.
“Cuando estás interpretando, no puedes tener idea de que lo que haces es gracioso. Tienes que tomártelo completamente en serio”, señala. Intentar “jugar para la risa” suele arruinar el efecto. La clave está en la honestidad del momento.
Volver para una segunda temporada confirmó algo fundamental sobre John: “Está completamente inmunizado a aprender lecciones. Nunca aprende nada. Y si parece que lo hace, en el siguiente episodio ya lo olvidó”.
Esa inmadurez permanente no es un defecto del guion, sino una coherencia con el destino del personaje. “Sabemos dónde termina. Sigue siendo inmaduro, sigue en un trabajo sin futuro, sigue fumando con su mejor amigo. No tendría sentido que cambiara demasiado”, concluye.
Si tuviera que resumir la experiencia en pocas palabras, Burkholder no duda ni un segundo. Entre risas, lo deja claro: “increíblemente divertido”. Una declaración que encapsula el espíritu de una serie que no pretende dar lecciones, sino simplemente divertir.
