Janeth Valenzuela inició el 2026 con un enfoque renovado y una claridad artística que nació del silencio. Tras un periodo de introspección y distancia de la esfera pública, la cantante retoma su carrera con una perspectiva que prioriza la autenticidad y el bienestar personal sobre las exigencias de inmediatez que imperan en la actualidad. Esta pausa, lejos de representar un estancamiento, funcionó como un motor creativo que le permitió encontrar una identidad sonora propia.
Durante su alejamiento de las redes sociales, Valenzuela se concentró en la producción de música y en un proceso necesario de sanación interna.
La artista describe este tiempo como una oportunidad para reconectar con su propósito fundamental y alejarse de las presiones mediáticas: “Definitivamente me alejé de lo mediático, pero superconecté con mi interior, con mis canciones, con mi música. Incluso yo siento que encontré mi sonido característico musical”, compartió la intérprete sobre este hallazgo que muchos colegas persiguen durante años.
El camino hacia este nuevo material no estuvo exento de retos personales profundos. Valenzuela abordó con honestidad su lucha contra la depresión y la relevancia de recibir atención especializada.
Recientemente concluyó su tratamiento médico, un paso que celebra como un retorno a su plenitud y una preparación vital para los escenarios: “Yo decidí simplemente dije: ‘No quiero estar viviendo así, esto no es vida, voy a pedir ayuda profesional’. Me acerqué y la verdad me regresó a la vida”, relató sobre su experiencia con la salud mental.
Para ella, buscar apoyo profesional debe dejar de ser un tabú social, especialmente ante las secuelas emocionales persistentes de eventos globales como la reciente pandemia.
La gestión de su carrera como artista independiente conlleva una responsabilidad considerable, factor que influyó en su decisión de pausar la actividad constante en plataformas digitales para enfocarse en la creación de su álbum titulado Mayor.
Valenzuela enfatizó que este proceso de aprendizaje le otorgó herramientas para discernir qué aspectos de su vida y carrera merecen su energía: “Este tipo de procesos como el que yo pasé te enseñan y son también de aprendizaje, de crecimiento y te enseñan a qué sí tomar la importancia, a qué no tomar la importancia, en qué enfocarte más”, explicó sobre su evolución personal.
En el ámbito estrictamente musical, el arranque de este ciclo incluyó colaboraciones diversas que exhibieron su versatilidad. Participó en proyectos con La Fiera de Ojinaga en el género norteño sax y con Alberto Pedraza en la cumbia sonidera.
No obstante, su lanzamiento actual marca un retorno a sus fundamentos: el norteño estilo pacífico de Sinaloa. Su perfeccionismo dicta el ritmo de su trabajo, pues prefiere la calidad y la entrega total sobre la rapidez de los lanzamientos modernos.
“Aunque me tome un poquito más de tiempo hacer un disco, aunque me tome un poquito más de tiempo grabar una canción, yo sé que el día que lo haga va a estar con todo, voy a dar todo de mí”, puntualizó.
El futuro cercano de la cantante incluye nuevas exploraciones sonoras, como una colaboración ya grabada con la legendaria agrupación Chicos de Barrio, donde fusiona el acordeón norteño con la cumbia lagunera característica
de Torreón.
Para Valenzuela, cada paso actual posee un significado que trasciende la simple presencia en eventos públicos. “La música es mi vida, es mi propósito. Yo no me veo haciendo otra cosa que no sea la música”, concluyó, dejando en claro que su regreso está marcado por una conexión total con su arte y su bienestar emocional.