La Ciudad de México recibió a Maria Becerra con un clima místico. Mientras los truenos resonaban de fondo y la lluvia golpeaba los balcones, un tarotista le hablaba sobre su destino entre sorbos de mate. Ese escenario “remágico”, como ella misma lo describió, funcionó como el preámbulo perfecto para profundizar en la historia detrás de su proyecto más personal: Quimera.
En una charla franca con Antonio Ramirez, la cantante argentina desnudó el proceso de un disco que nació del trauma, el silencio y una transformación profunda.

El camino hacia este álbum inició con un evento traumático que cambió su perspectiva de la existencia. Durante el año previo al lanzamiento, la artista enfrentó una crisis de salud tan severa que, según sus propias palabras, estuvo cerca de perder la vida. Aquella experiencia invalidó todo el trabajo previo que ya tenía preparado para el público.
“Deseché todo el álbum que tenía ya listo para lanzar y dije: ‘Quiero hacer algo nuevo. Ya lo anterior no me representa, tengo otras cosas de las que hablar y quiero escribir también desde este dolor que siento’”, confesó con total honestidad.
Sin embargo, canalizar ese dolor resultó ser una tarea titánica. Durante dos meses, Becerra lidió con un bloqueo creativo cargado de sombras. Aunque las ideas surgían, el contenido poseía una naturaleza tan lúgubre que le generaba temor exponerlo.
“Era una creatividad muy oscura, que era necesaria, tipo catártica... pero yo no quería que esas canciones se escucharan, me exponían mucho, era algo muy propio, muy íntimo”, explicó sobre aquellas composiciones que terminaron guardadas bajo llave, como un diario íntimo que nadie debe leer.
La solución para romper ese círculo de melancolía llegó a través de la fragmentación de su propia identidad. Ante la imposibilidad de expresarse como María sin caer en la depresión, decidió crear personajes. Así surgieron sus cuatro alter egos, siendo Shanina la primera en aparecer.
Cada una de estas facetas representó una etapa distinta del duelo y la recuperación que atravesaba: “Desde la piel de María como tal solo tengo cosas muy tristes para decir”, señaló al recordar cómo este método desbloqueó su capacidad de crear de nuevo.
Este concepto dio sentido al título del álbum. Inspirada en la mitología, la cantante se identificó con la quimera, aquel ser conformado por partes de distintos animales. Para ella, el disco fue el núcleo de su sanación emocional, una estructura 360 donde cada personalidad ajena a su yo cotidiano aportó algo para reconstruirla.
“Yo siento que yo soy la quimera y conformada por todas estas partes del duelo y por todas estas personalidades que en ese momento atravesé, que no eran María”, detalló sobre este proceso de integración.
El disco también contó con la participación de figuras cercanas como Tini, Taichu y El Alfa, quienes la ayudaron a salir de su zona de confort. Becerra aprendió a dejar que los mundos de otros artistas converjan con el suyo, en lugar de forzarlos a adaptarse a su visión. La obra cierra con “Mi amor”, una colaboración con su pareja J Rei, pieza clave para clausurar ese ciclo energético de dolor. “Quise también un poco poder darle un cierre a nivel mental... porque siento que si no terminas de cerrar un ciclo, se vuelve a repetir”, sentenció.
Para María Becerra, el 2026 representa el “año uno”, un reinicio absoluto tras haber sobrevivido a su etapa más oscura. Con México como su segunda casa y rodeada de amigos que, según ella, salvaron su vida, la artista encara el futuro con la certeza de quien supo transformar la tragedia en una quimera de sonidos y superación.
