La puesta en escena ‘Obra negra: Mecánica de poder’ regresa a las tablas para confrontar al espectador con un crudo espejo de la realidad nacional. Esta nueva temporada retoma un texto escrito originalmente en 2014, el cual surgió como una respuesta a la violencia desatada en México, explorando cómo hemos convertido la tragedia en un espectáculo cotidiano.
Las funciones de esta temporada se llevan a cabo en el Foro Shakespeare, un espacio emblemático para el teatro independiente. Los interesados en asistir pueden disfrutar de la obra todos los jueves a las 20:30 hrs, en una temporada que comprende del 4 de junio al 6 de agosto.
El elenco de esta producción está conformado por una nueva generación de talentos: Daí Noriega, Astrid Malinaly, Chris Millán, Tania Sanqueit, Gabael Taylor, Selva Betania Fonseca y Alejandro Guerrero. Estos actores asumen el reto de interpretar personajes que navegan en una espiral de abusos, aportando una perspectiva fresca y necesaria sobre un texto que investiga las raíces del machismo, el racismo y el clasismo en nuestro entorno.
Publimetro conversó con Víctor Weinstock, el autor y director detrás de lo que él mismo define como una “locura” necesaria para confrontar nuestra realidad actual. En una charla honesta y punzante, Weinstock revela cómo un incidente en la carretera de Cuernavaca y el auge de los reality shows lo llevaron a cuestionar la normalización de la violencia que padecemos desde hace décadas.

La historia detrás de ‘Obra Negra: Mecánica del poder’
La semilla de esta obra se plantó en 2014, bajo una atmósfera de caos que Víctor Weinstock aún no olvida. Todo comenzó con un incidente en la carretera de Cuernavaca que parecía sacado de una ficción, pero que era parte de la realidad nacional. “Acababa de suceder un falso secuestro a la altura de Tres Marías”, relata el director. “Soltaron al secuestrado porque vieron en su teléfono que era amigo de García Luna. Unos días después, él mandó a su gente a buscar a la pandilla y le dispararon a camionetas blindadas donde viajaban casualmente agentes de la CIA encubiertos“.
Este evento fue para Weinstock la gota que derramó el vaso: “Toda esa simulación en medio de una espiral de violencia con los feminicidios a tope, las muertas de Juárez y los desaparecidos me pareció que ya era demasiado".
Aseguró que en aquel momento, la sociedad mexicana consumía la tragedia como entretenimiento televisivo: “Los reality shows como Big Brother estaban en su apogeo y ya habíamos normalizado la violencia. Parecía una competencia de rating para ver qué periódico traía más muertos en la portada. Me pareció que eso nos hacía cómplices a todos de esa espiral. Empecé a notar cómo abusábamos cotidianamente unos de otros por machismo, homofobia, misoginia, xenofobia, racismo y clasismo“.
Fue ese clima de hostilidad, donde empezaron a surgir los fenómenos de los “lords” y las “ladies”, lo que finalmente lo empujó a escribir lo que él mismo define como “esta locura”.

El verdadero significado de la mecánica del poder
La obra completa es una reflexión sobre las relaciones humanas en México. Para Weinstock, no se trata de una lucha por la libertad, sino de una perpetuación del abuso a través de las jerarquías sociales. "La mecánica es que uno no busca liberarse, sino dominar al otro. Siempre hay alguien que está debajo de mí en el escalafón, con quien yo me desquito de lo que me hacen los que están arriba".
Esta visión se traduce en escena a través de una cadena de agresiones que busca confrontar la moral del espectador. El autor pone como ejemplo la dinámica entre los personajes de un albañil y un arquitecto: “Si vemos que el albañil abusa de su esposa, la insulta, la golpea y la viola frente a nuestros ojos, queremos que alguien le haga daño. Es un sentimiento natural”.
Sin embargo, es ahí donde la obra tiende una trampa al público. “Nos hacemos cómplices del arquitecto que llega a abusar de él con epítetos racistas y clasistas; lo humillan y acaba siendo violado él mismo". Para él, esto demuestra que en nuestra sociedad “ya no se trata de estar bien, de liberarse o superarse, sino de a ver quién pega más fuerte“.

El humor como un ataque directo contra la indiferencia
Uno de los aspectos más llamativos de la puesta en escena es el uso de la farsa y el musical para hablar de temas incómodos. Weinstock defiende este enfoque como un espejo de nuestra era digital: “Vivimos en el mundo del scroll y del zapping“, afirma. “Saltamos de una cosa a otra, lo cual ayuda a adormecer al espíritu porque paso de la barra cómica a la nota roja, al reality show o al gran musical en minutos".
De esta manera, Weinstock utiliza la risa para vulnerar las defensas del asistente. “El humor desgarra los escudos que tiene el espectador para recibir mensajes. Si te estás divirtiendo, estás más receptivo a la crítica social y a analizar el horror sin que te duela tanto".
“No se trata de confrontar y regañar al público, sino de entretenerlo y así hacer que se cuestione: ‘¿Cómo es posible que me esté riendo de las cosas horrorosas que están pasando?’”, asegura.

Un choque generacional y un compromiso social
El montaje también sirvió como un experimento social al trabajar con actores de la Generación Z, quienes mostraron una visión inesperada sobre el pasado reciente del país. Weinstock confiesa que se llevó varias sorpresas al interactuar con ellos: “Ellos tenían idealizado el México de cuando eran niños, de cuando yo escribí la obra... pensaban que era un paraíso, y ellos nacieron en los sexenios más sangrientos“.
Este descubrimiento reforzó su misión como creador de preparar a las nuevas generaciones para la realidad. “Hay que preparar a los niños para las violencias, advertirlos más que nada”, comenta, subrayando que la intención es que “se sepan cuidar solos”. La obra busca romper el silencio y la normalización de la violencia que ha imperado durante décadas.
Como cierre de esta propuesta artística y social, Weinstock anunció una función especial para el próximo jueves 11. “Vamos a donar parte de la taquilla a una fundación dedicada a apoyar a migrantes en México y en Estados Unidos: Conexión Migrante“, informó el director. La invitación es para que el público acuda al teatro después del partido de fútbol nacional y contribuya a esta causa, transformando la reflexión escénica en una acción de apoyo real

