En México, el estrés y la saturación emocional forman parte de la rutina diaria de millones de personas. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) 2024 del INEGI, el 32% de la población reporta niveles altos de estrés, una cifra que refleja el impacto de las exigencias laborales, económicas y personales en la salud mental.
Frente a este panorama, la mayoría de las soluciones suelen llegar de manera reactiva, cuando el desgaste emocional ya es evidente. Sin embargo, para Ivonne Mancera Valdivia, especialista en desarrollo y paz mental, el bienestar debe construirse antes de llegar al límite.
Su propuesta parte de una idea sencilla: la paz mental no es un estado momentáneo ni una meta inalcanzable, sino un hábito que se fortalece todos los días.
“Esto implica cambiar la forma en que se entiende el bienestar. No como algo que se alcanza, sino como algo que se practica diariamente”, explica Mancera Valdivia.
Desde esta perspectiva, pequeñas acciones repetidas de manera constante pueden generar estabilidad emocional a largo plazo. Dormir mejor, establecer pausas durante el día, aprender a gestionar pensamientos negativos o mantener rutinas que ayuden a reducir la ansiedad forman parte de una construcción progresiva del bienestar.
Para la especialista, uno de los elementos más importantes es la repetición. La constancia en hábitos positivos permite que las personas respondan de mejor manera a escenarios de presión o incertidumbre, además de mejorar su capacidad para relacionarse con otros.
“El bienestar individual también impacta en lo colectivo. Cuando una persona tiene mayor claridad mental, cambia la manera en que convive, trabaja y se comunica con quienes la rodean”, sostiene.
Las tendencias internacionales en salud emocional avanzan precisamente en esa dirección. Cada vez más programas y estrategias integran la salud mental desde la prevención y no únicamente desde el tratamiento, con el objetivo de evitar que el desgaste emocional evolucione hacia trastornos más complejos.
En ese contexto, Ivonne Mancera impulsa herramientas enfocadas en la adaptación cotidiana, para que puedan incorporarse fácilmente a distintos estilos de vida y no dependan de cambios extremos o difíciles de sostener.
Desde su trabajo como fundadora de IMCU, la especialista insiste en que una parte importante de la estabilidad emocional también surge cuando las personas dejan de luchar constantemente contra aquello que no pueden controlar.
“Cuando alguien deja de resistirse permanentemente a lo que ocurre y comienza a cooperar con su entorno, también cambia la forma en que procesa sus pensamientos”, señala.
La relevancia de este enfoque cobra mayor peso si se consideran las proyecciones internacionales sobre salud mental. La Organización Mundial de la Salud ha advertido que los trastornos mentales se perfilan como una de las principales causas de discapacidad en el mundo hacia 2030, lo que ha llevado a especialistas y organismos a insistir en la necesidad de fortalecer hábitos de prevención emocional desde ahora.
En medio de un contexto marcado por la aceleración, la incertidumbre y la sobrecarga cotidiana, la paz mental comienza a verse menos como un concepto aspiracional y más como una práctica diaria con efectos medibles en la calidad de vida.
Para Ivonne Mancera Valdivia, el reto no es alcanzar una felicidad permanente, sino construir una relación más estable y consciente con el entorno y con uno mismo.
