En Guanajuato, el trabajo del hogar sigue siendo uno de los más extendidos y al mismo tiempo más desprotegidos. Se estima que 114 mil personas se dedican a esta actividad, pero apenas 2 mil 153 están registradas ante el Instituto Mexicano del Seguro Social, lo que deja a más del 98% sin acceso a seguridad social.
El dato no es menor si se observa el contexto laboral del estado. La informalidad alcanza al 53.8% de la población ocupada, lo que refleja un mercado donde millones trabajan sin prestaciones ni protección social . En ese escenario, las trabajadoras del hogar representan uno de los extremos más precarizados.
Trabajar no garantiza salir de la pobreza
El problema no es solo la falta de afiliación. También es estructural. En Guanajuato, 33.6% de la población vive en pobreza laboral, es decir, su ingreso no alcanza para comprar la canasta básica .
Esto coloca al trabajo del hogar en una doble vulnerabilidad: por un lado, la ausencia de derechos laborales formales; por otro, ingresos que difícilmente permiten superar condiciones de pobreza. En términos prácticos, trabajar no necesariamente significa vivir mejor.
Un día para reconocer… y evidenciar
Cada 30 de marzo se conmemora el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, una fecha instaurada en 1988 para reconocer esta labor y exigir condiciones dignas, seguridad social y salario justo.
Sin embargo, en estados como Guanajuato, la conmemoración también exhibe una contradicción: aunque la afiliación al IMSS es obligatoria desde 2019 y puede realizarse en línea en pocos minutos, la formalización sigue siendo marginal.
Entre lo posible y lo pendiente
El contraste es claro. Existe un mecanismo accesible para registrar a trabajadoras del hogar. Por otro, una realidad donde casi nadie lo hace.
La explicación no está en la complejidad del trámite, sino en una cultura laboral que normaliza la informalidad, una forma más de violencia de género que queda aún en una zona gris del discurso social y legal.
