No vienen de selvas lejanas ni de ecosistemas intactos: muchas veces sobreviven entre cables, carreteras y basura. Por eso, la liberación de fauna silvestre en Guanajuato no solo es un acto ambiental, sino una segunda oportunidad para especies que han aprendido a convivir con la presión humana.
Autoridades estatales y federales liberaron cinco ejemplares: dos cernícalos (Falco sparverius), un aguililla cola roja (Buteo jamaicensis) y dos tlacuaches norteños (Didelphis virginiana), tras su recuperación en el Centro de Asistencia Animal de Fauna Silvestre de Celaya.
Especies que ya vivían entre nosotros
El caso de los cernícalos es revelador: son aves que pueden observarse posadas en cables o a la orilla de carreteras, adaptándose a entornos intervenidos, donde cazan insectos o pequeños mamíferos.
La aguililla cola roja, una de las rapaces más comunes del continente, fue rescatada en condición de hipotermia y ahora regresa a un entorno donde puede reintegrarse sin riesgo.
Pero quizá el símbolo más claro de esta convivencia forzada es el tlacuache: una especie ampliamente distribuida que, por la pérdida de hábitat, termina en basureros o atropellada en vialidades.
Regresar al hábitat, no al asfalto
La liberación se realizó en Áreas Naturales Protegidas del estado, donde existen condiciones para que estas especies encuentren alimento, refugio y continúen su desarrollo sin la presión constante de la urbanización.
El objetivo no es solo rescatar, sino romper el ciclo que empuja a estas especies a sobrevivir en entornos hostiles, donde enfrentan depredadores, tráfico vehicular y contacto constante con humanos.
Del rescate a la reintegración
Las autoridades recordaron que la legislación mexicana permite que ejemplares rescatados o entregados voluntariamente puedan ser reintroducidos a su medio natural, como parte de estrategias de conservación.
Además, hicieron un llamado a denunciar el tráfico ilegal de fauna, una práctica que no solo afecta la biodiversidad, sino que incrementa riesgos sanitarios.
