Entre fichas pegadas en muros y hojas en blanco, madres, hermanas e hijos de personas desaparecidas convirtieron la palabra en una forma de resistencia. No para narrar una historia, sino para sostenerla.
En el Parque Hidalgo, el colectivo Unidos por Nuestros Desaparecidos León, junto a la gestora cultural Karla Gasca y la periodista Alfonsina Ávila, abrió un espacio donde la búsqueda dejó de ser solo acción para volverse memoria, voz y acompañamiento.
La jornada comenzó como comienzan muchas de sus luchas: colocando rostros. Fichas de búsqueda que no solo señalan ausencia, sino persistencia. Luego, en círculo, llegó el silencio necesario para escribir.
Sin reglas. Sin estructura. Cinco minutos bastaron para que el dolor encontrara forma.
“Busco a mi hermana porque sé que si yo fuera la desaparecida ella también me buscaría a mí”,
— Participante buscadora
“Busco a mi hermana porque sé que si yo fuera la desaparecida ella también me buscaría a mí”, escribió una participante. En esa frase cabe la lógica profunda de la búsqueda: una lealtad que no se rompe, ni siquiera en la incertidumbre.
Para algunas, la escritura fue desahogo. Para otras, una manera de nombrar lo que no siempre se puede decir en voz alta. Para todas, un ejercicio de reconocimiento colectivo.
“Para mí la búsqueda es la esperanza de encontrar a nuestros seres queridos”, compartió otra mujer. Una esperanza que se sostiene incluso frente al desgaste, la falta de recursos y la ausencia de respuestas.
En paralelo, las infancias dibujaron. No hablaron del dolor directamente, pero lo rodearon con colores, figuras y mensajes que también buscan. “Tío, quiero que regreses”, escribió uno de ellos.
Ahí, en medio del parque, la escena parecía sencilla: personas escribiendo. Pero en cada hoja había algo más. No solo recuerdos, también exigencia.
Porque la búsqueda no se detiene al escribir. Se reorganiza.
El taller dejó claro que las palabras pueden ser una herramienta para sostener la memoria, reconstruir vínculos y hacer comunidad en medio de la ausencia. En un contexto marcado por la incertidumbre, escribir se vuelve una forma de seguir buscando.
Ese sábado, nadie encontró a quien busca. Pero nadie dejó de hacerlo. Y en cada palabra, la ausencia volvió a tener nombre.
