Es de sabios cambiar de opinión... ¡Y también de pareja!

Cuando se presentan las rupturas, muchas veces traumáticas por cierto, la mayoría de las veces somos incapaces de analizar por qué ocurren

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Dicen los que saben, y saben muy bien por cierto, que “nada es para siempre” y cuando este aforismo es trasladado a los terrenos de las relaciones de pareja lo cierto es que no existe ningún otro que se apegue de manera tan fiel las dinámicas sentimentales entre hombres y mujeres, quienes dada su compleja naturaleza emocional suelen ser tan cambiantes que un día quieren una cosa y al día siguiente quieren otra cosa. ¡Así de sencillo!

Y aunque no es válido generalizar respecto a este tema, porque también es posible poder encontrarnos con honrosísimas excepcionales (dignas de ser estudiadas a fondo) que nos demuestran que hay amores que si pueden llegar a ser eternos, lo cierto es que los macrocosmos masculino y femenino nos han enseñado una y otra vez que mantener y sostener una relación de pareja a largo plazo nos puede resultar más perjudicial que benéfico.

¿Por qué? Es muy simple. Cuando el ser humano abandona la adolescencia y se adentra en territorios de la adultez lleva a flor de piel conceptos que todavía no están del todo afianzados y consolidados. En materia de noviazgos y matrimonios su experiencia es prácticamente nula y su noción de ideal se recarga prominentemente en aquellas parejas que conoce y que, a su juicio, considera que son exitosas. Si sus padres han logrado conservar su matrimonio durante equis cantidad de años, a pesar de las dificultades y obstáculos, lo más seguro es que esta persona anhele emularlos y en su intención aspirará a tener una novia la cual eventualmente se convertirá en su esposa y, con un poco de buena suerte, acabará siendo una especie de clon de su madre.

 Pero, la verdad es que las cosas no siempre resultan así…

Y no es como para ponernos melodramáticos. Cuando se presentan las rupturas, muchas veces traumáticas por cierto, la mayoría de las veces somos incapaces de analizar por qué ocurren. Cuando se llega el momento del truene con el novio o la novia o el divorcio, prácticamente en automático esta circunstancia se apodera de nuestro entorno emocional y difícilmente tenemos la claridad para reflexionar ciertas cosas. Entre pleitos y reproches, frecuentemente hombres y mujeres no se permiten autoevaluarse para lograr llegar a un diagnóstico que los ayude a entender los cómo y los porqué de sus fracasos amorosos.

 La verdad, sin caer en solemnidades, prácticamente en un 99% de las ocasiones en que se presenta una ruptura emocional de parejas es porque uno de sus componentes, o quizá los dos, simplemente han cambiado. Con el transcurso de los años, si el cuerpo de un hombre o una mujer cambian de manera drástica, imagínense las ideas, los conceptos, las necesidades, las ambiciones… y a veces esto es lo que detona que una dama y un caballero se digan adiós de forma definitiva. Cuando se es joven uno anhela una motocicleta, después pasan los años y la moto queda atrás para dar paso a un automóvil deportivo, enseguida viene otro cambio por un coche compacto de cuatro cilindros de bajo perfil y al final todo termina en una camioneta familiar para pasear con la esposa, los hijos, los nietos y hasta la mascota. ¡Así es la vida!

 Sin embargo, hay muchísimas personas que apenas empiezan a ver las primeras señales de que su vida en pareja se ha tornado monótona y aburrida deciden cortar de tajo con esta situación y se marchan, lo cual tampoco está mal porque, viéndolo en perspectiva, el ser humano siempre está buscando cambiar o evolucionar, y si la persona con la que está conviviendo, convergiendo y coexistiendo no se mueve al mismo ritmo o hacia la misma dirección, también es muy válido hacer un cambio de pareja, aunque a muchos les parezca una manifestación de egoísmo. Obviamente, cambiar de novi@ o de espos@ no es como cambiar de zapatos o de automóvil (se requiere de un análisis de las situaciones muy profundo), pero absolutamente nadie tiene que verse obligado a permanecer a lado de una persona con la que ya no comparte ilusiones, afinidades, coincidencias, objetivos…

 ¿No creen? 

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