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Algarabía 07/05/2021

La Mansión Winchester

Por Fernando Montes de Oca Sicilia

Durante cerca de 40 años los carpinteros no pararon ni un solo día de construir la mansión Winchester, un «hogar» lleno de extrañezas, con escaleras que no suben a ningún piso, habitaciones secretas o puertas que dan a una pared o al vacío.

La casa es una especie de laberinto gigante, construido con el único objetivo de «confundir» a los espíritus de los muertos con los rifles que habían hecho rica a la familia de Sarah Winchester y que, estaba convencida, vendrían a vengarse.

En 1881, Sarah Winchester enviudó tras haber perdido, años antes, a su única hija, quedando sola y destrozada. Su marido, William, era el heredero del imperio Winchester, una de las empresas de armas más importantes de los EE. UU. Como herencia, Sarah recibió más de 20 millones de dólares, además de la mitad de la Winchester Repeating Arms Company.

Foto: Especial

Aconsejada por un amigo, buscó respuestas a través de una médium. Ésta le dijo que había contactado con su esposo, quien le contó que una maldición había caído sobre ella y su familia. Para frenarla, debía construir una casa y no detener su construcción. «Si continúas construyendo, vivirás. Para y morirás».

Convencida por estas palabras, Sarah se mudó a California, donde encontró una propiedad de seis habitaciones que aún estaba en construcción. Sarah desechó los planes del antiguo propietario y empezó a construir, sin la asesoría de un arquitecto, su hogar. Contrató albañiles y carpinteros de la zona y durante los siguientes años se dedicó a construir y remodelar toda la casa. Nunca se detuvo.

La casa contiene —aparte de sus cuatro pisos, 467 entradas 160 habitaciones, y 47 chimeneas— muchas características utilizadas para atrapar o confundir a los espíritus. Hay puertas que no conducen a ninguna parte, ventanas que miran dentro de otras partes de la casa. Aunque la mansión sea enorme, hay sólo dos espejos en el lugar. Esto se debe a que Sarah creía que los fantasmas temían a su propio reflejo.

Luego de dirigir la construcción de la mansión durante 38 años, Sarah falleció perdida en su propio laberinto, mientras dormía, a la edad de 82 años.