Murales y poder social

Hace algunos días, un grupo de jóvenes, encabezados por Sebastián Estrada, realizaron murales afuera de las oficinas de los senadores del PRD

Hace algunos días, un grupo de jóvenes, encabezados por Sebastián Estrada, realizaron murales afuera de las oficinas de los senadores del PRD. La idea era plasmar el México que viven, que dibujaran los hechos que nos han marcado como país recientemente, así como los que nos dan identidad.

Lograron transformar un lugar monótono, como es un simple pasillo del Senado, en una experiencia emocional. Toda la gente que pasa por ahí, incluidos los legisladores, no podemos ser ajenos al país que ahí representaron con imágenes y cientos de colores.

Hacerlo en un recinto oficial, también tiene un objetivo profundo, que los senadores y senadoras puedan reconocer el país que perciben los jóvenes, entender desde sus ojos y creación, las razones por las que perciben una clase política, que camina en sentido contrario a sus intereses.

Retomo esta anécdota para preguntar:¿Cómo logramos ese tipo de comunión con la gente, para ir más allá de una expresión artística?¿Cómo empoderar las decisiones de la gente, para mejorar nuestras funciones? ¿Cómo generar más espacios para que los ciudadanos ejerzan plenamente sus derechos?

De acuerdo a Adolfo Orive, político y académico mexicano, para lograr un pleno fortalecimiento de la ciudadanía, es necesario alcanzar, en primer lugar, su empoderamiento humano, es decir plenitud en sus capacidades alimenticias, de salud, de vivienda, de educación, de información, entre otras. Posteriormente hay que atender su empoderamiento organizacional y político. Tiene que ver con un proceso de transformación institucional y social, que permita ejercer una ciudadanía plena, en donde se organicen, se reúnan, socialicen sus problemas, compartan conocimientos y se involucren en procesos para resolver asuntos públicos, de manera colectiva. 

Como ejemplo de lo anterior, existen alrededor del mundo, los Consejos Económicos y Sociales (CES). En 2009, en la capital del país se constituyó un CES, como un órgano consultivo del gobierno, conformado por los sectores empresarial, académico, sindical, público y de la sociedad civil, para fomentar el crecimiento económico y el desarrollo integral y sustentable de la capital.

Estoy convencido que estos centros no sólo deben prevalecer, sino extenderse incluso al ámbito cultural, y profundizarse en las nuevas alcaldías y los ámbito vecinales más cercanos de barrios y colonias. En la Nueva Constitución de la CDMX, requerimos consolidar instrumentos de participación ciudadana que abarquen desde la planeación y priorización presupuestal, hasta la fiscalización y rendición de cuentas en las diversas actividades cotidianas que se desarrollan en la capital del país. Será desde mi espacio en la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México donde promoveré su fortalecimiento; así como la instalación de “laboratorios” de ciudadanos, que permitan desarrollar capacitación cívica, con el fin de que puedan influir con mayor potencia en la toma de decisiones de los asuntos públicos

Debemos fomentar y ampliar los espacios que permitan dar el brinco de una realidad política definida básicamente por clientelas, a una de amplísima incidencia ciudadana. Al mismo tiempo, fomentemos actividades que busquen incidir.

Este tipo de actitudes, fueron las que lograron transformar los pasillos del Senado. Como diría Sebastián: “hemos creado un pequeño cambio. Quienes caminamos por este lugar, ahora volteamos, sentimos algo, nos involucramos. Todo mundo habla de la necesidad de cambiar al país, pero casi nadie actúa”

Actuemos para generar espacios, y que estos se llenen de ciudadanos apasionados y comprometidos por transformar la realidad.