Wolverine inmortal

Hugh Jackman ha convertido al personaje de Wolverine en uno de los superhéroes de los cómics de Marvel predilectos del público

No nos queda la menor de las dudas de la personalidad cinematográfica de la que goza el actor australiano Hugh Jackman. Es un histrión capaz de interpretar con gracia uno de los roles estelares en una franquicia fílmica de superhéroes y al mismo tiempo protagonizar un musical de la dimensión de Les Miserables conservando su poder en la taquilla internacional. Jackman ha convertido al personaje de Wolverine en uno de los superhéroes de los cómics de Marvel predilectos del público a lo largo de exitosas cintas de los X-Men, sin embargo tenemos la impresión que al actor le hace falta una película que le haga justicia al personaje de una forma independiente.

En Wolverine inmortal, el guión está basado en las novelas gráficas de Chris Claremont y Frank Miller publicadas en la década de los ochenta, las cuales sirvieron de fundamento del guión de la autoría de Mark Bomback y Christopher McQuarrie en donde el personaje de Wolverine se desplaza a territorio japonés para protagonizar una serie de aventuras situadas en Oriente enfrentando a peligrosos enemigos. El relato nos ofrece un preámbulo ubicado en Nagasaki en 1945, cuando el inmortal Wolverine salva la vida de un soldado japonés. Más de medio siglo después, el novato militar convertido en un acaudalado millonario ofrecerá a Logan la posibilidad de vivir una vida como un humano cualquiera a cambio de su inmortalidad. Es aquí donde inician las conspiraciones y traiciones que situarán al superhéroe en circunstancias peligrosas.

Más allá de permanecer fiel al cómic de Claremont y Miller, son evidentes las intenciones de los productores de llamar la atención del público japonés, una audiencia que genera dadivosos réditos en la taquilla. El problema de Wolverine inmortal es que pareciera ser simplemente una serie consecutiva de escenas de acción apenas hiladas por simples pretextos. Abundantes secuencias cargadas de energía estelarizadas por ninjas y “misteriosos” personajes olvidando el carácter y la esencia del X-Men involucrado en este capítulo.

El director James Mangold pareciera estar certificando en todo momento que se encuentra realizando una misión por encargo, puesto que no hay atención y esmero en la puesta en escena. Les adelanto que lo mejor de la película definitivamente es la escena extra acomodada en los créditos de salida, la cual se desempeña como antesala de la próxima cinta de los X-Men, esperando con entusiasmo sea mucho mejor que este apenas pasable episodio en las aventuras de Wolverine.

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