Empecé copiando series: Enrique Planas

El periodista y escritor peruano Enrique Planas se alista para una nueva participación en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Mientras, trabaja en un nuevo libro sobre manga japonés que le está divirtiendo mucho

Por Sabrina Rodríguez

Alguna vez dijiste que te sentirías genuinamente feliz si piratearan tus obras…
— Parto de una situación más grande, que es la de pensar que uno va a vivir de lo que publica. En mi caso, no es así, por lo que no tengo nada que proteger. No voy a convertirme en un prócer de la piratería editorial, pero, en mi caso, el de un escritor que no ha tenido ningún bestseller; pensar en esa posibilidad me haría sentir tontamente satisfecho. Vería en esta actividad ilegal un informal reconocimiento.

¿Quién no desearía tener un bestseller, verdad?
— Creo que a todo escritor le gustaría ser leído por más de 10 personas, aunque sostengo que, en el momento de escribir, uno piensa que lo hace para pocas personas, como si fuera un concierto de cámara.

Tus libros son muy diversos entre sí. Uno está ambientado en la selva, otro en un viaje… ¿Cómo describirías tu literatura?
— Nunca he intentado definirla. Nunca pienso en la creación como un corpus al que tenga que buscarle una definición. Mis historias tienen que ver mucho con la construcción de la identidad, el aprendizaje, las mujeres, el descubrimiento y con perderse.

Tus historias también tienen en común personajes encerrados. ¿Por qué?
— De pequeños, todos nos encerrábamos en nuestro cuarto con nuestros juguetes. Mis juegos siempre han sido en espacios cerrados. Siempre me ha gustado aislarme. Es la única explicación que tengo yo para responder a eso… o quizás puede que sea agorafóbico…

¿Estás satisfecho con lo que has escrito hasta ahora?
— Nunca estoy satisfecho de nada. La insatisfacción no es una virtud, es algo que te impide ser muchas veces feliz. Lastimosamente, es algo que siempre llevo conmigo.
Quizás eso cambie con el nuevo libro de manga japonés que estás escribiendo en estos momentos.

¿Te queda mucho para concluir esa obra?
— Ya estoy por terminarla, aunque no sé… Te podría decir que me faltan unas 20 páginas, pero luego me puedo dar cuenta de que tengo que romper la mitad y seguir escribiendo.

¿De qué trata tu nueva historia?
— Es una historia de amor entre un fanático del superhéroe japonés Ultrasiete y una chica fanática del manga, que es 15 años menor que él. Ambos están fascinados por los personajes japoneses pero son totalmente diferentes en sensibilidad. Me está entusiasmando mucho este libro y me estoy divirtiendo mucho escribiéndolo.

En la redacción de este libro, ¿también te acompañan la gelatina y tu perro? Una vez dijiste que eran tus fieles compañeros.
—¡No! (ríe). Lo del perro fue porque, durante mi segundo libro, mi mascota me acompañaba a escribir en las noches. Pero lo de la gelatina… no me acuerdo por qué dije eso. Suelo decir cosas que voy a contradecir a la semana siguiente.

¿Tuviste siempre vocación de escritor?
— Desde que estaba en el colegio me gustaba contar historias. Siempre escribía, copiando mucho las historias de las series que veía en la televisión y decía que eran mías. Por eso no puedo quejarme tanto de los piratas, porque yo también empecé copiando.

En el 2011, en la Feria del Libro de Guadalajara, un fragmento de tu primera obra Orquídeas del paraíso, te valió para ser incluido entre los 25 mejores secretos de América Latina en literatura.
— No hay que darle mucha importancia a esas cosas. A uno le puede encantar salir en la foto, pero nunca intento promocionarme con ese tipo de cosas. El gran secreto de la literatura peruana fue (el cuentista) Julio Ramón Ribeyro. Felizmente, ya no es tan secreto. Es un escritor de escritores, cada vez más valorado. Lo demás tiene que ver con los mundos de las ferias y las estrategias de promoción editorial.

¿Con qué te quedas: periodismo o literatura?
— (Reflexiona por unos segundos). No me puedo quedar con ninguno de los dos, no podría aislarlos. Me gano la vida como periodista y con la literatura me enriquezco. No es tan blanco ni negro. Si no trabajara en prensa y me dedicara sólo a escribir, me sentiría aburridísimo. Uno necesita la adrenalina del periodismo y las horas de cierre.

Este año, vuelves a la Feria de Guadalajara para participar en un encuentro con estudiantes y una mesa redonda.
— Precisamente esas charlas con los estudiantes son de las cosas más bonitas que tiene esta feria. Llevan a un autor a un colegio de secundaria. Es un auditorio de 400 jóvenes con una gran sed por conocer a escritores. Me entusiasma mucho volver este año y que me lo hayan propuesto de nuevo.

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