De la gloria a la ignominia: campeones que perdieron el camino

Campeones del mundo mexicanos pasaron de tener nada a gozar de todo, pero el deslumbre que provoca el dinero los hicieron caer en el alcohol y las drogas

Por Publimetro México
De la gloria a la ignominia: campeones que perdieron el camino
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El pugilismo es para muchos el deporte del pueblo. Sus atletas salen de las zonas más paupérrimas en todos los rincones del país, de ahí que José Sulaimán, presidente del CMB, diga que “mientras haya hambre habrá boxeo”.

Muy pocos han sabido invertir y cuidar su dinero, pero la mayoría, al final de su carrera viven de la caridad de los demás, trabajando en cualquier lugar y recibiendo un salario mísero.

Rubén “Púas” Olivares fue campeón mundial gallo, el dinero le llegó de todos lados. Incluso, participó en “películas de ficheras”, pero el alcohol y el despilfarro lo llevaron a perder su fortuna calculada en dos millones de dólares. Hoy es talabartero y vende sus obras de arte, también es analista de televisión.

El caso de Víctor Manuel Rabanales ganó cerca de 500 mil dólares, su boom fue cuando ganó el título gallo del CMB. El alcohol y el dispendio lo hicieron terminar en la calle. En la actualidad vive lavando carros o vendiendo jugos.

Carlos “Cañas” Zárate se sumió en el alcohol y la droga, todo su dinero se fue por la alcantarilla, los negocios que tenía los perdió (vinatería y mueblería). Estuvo en al borde la muerte, pero logró superar el trago amargo como cuando era monarca mundial de los pesos gallos. Hoy trabaja con el CMB.

Julio César Chávez, considerado el mejor boxeador mexicano de todos los tiempos, le tocó el boom del boxeo en los casinos y el pago por evento. Tan sólo en un contrato con Bob Arum, promotor, se agenció 15 millones de dólares.

Su gusto por la fiesta lo llevó a perder casi toda su fortuna. Además, el fisco lo persiguió por una deuda, y tuvo que pagar más de 10 millones de dólares. El gran campeón ligero ahora vive tranquilo, es comentarista de televisión y tiene varios negocios.

Casos aparte

Humberto “Chiquita” González es tal vez el caso más reconfortante: fue el primer peso chico en ganar un millón de dólares. Como campeón minimosca del CMB logró invertir su dinero de forma adecuada. Hoy posee salones de fiesta y carnicerías, es por mucho el mejor conservado.

Guadalupe “Lupe” Pintor se coronó campeón del peso gallo, y aunque en su caso el derroche fue menor que otros de sus colegas, sus 24 hijos y diferentes familias lo dejaron con un nivel “cómodo” para vivir, pero lejos de los lujos. Ahora es entrenador y tiene un puesto en el Sistema Colectivo Metro.

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