Ana María Torres: Una guerrera que quiere ser mamá

Primera Parte

La boxeadora mexicana Ana María “La Guerrera” Torres ya prepara su siguiente pelea ante la brasileña Rosilette dos Santos, que se efectuará el próximo 6 de noviembre en el Poliforum Zamná de Mérida, Yucatán, y su agenda se completará con la defensa obligatoria de su cinto mundial supermosca del CMB en diciembre.

La hija pródiga de Ciudad Nezahualcóyotl platicó con Publimetro sobre cómo llegó al deporte de las bofetadas, sus deseos de imponer marcas, así como los planes personales y profesionales que tiene preparados para el final de su carrera.

El pugilismo se le metió a la fuerza. En su casa sólo había una televisión y su madre, la señora Angélica Ramírez, era la encargada de recetarle todos los sábados las funciones de boxeo. Recuerda que como cualquier niño quería ver las caricaturas, pero una vez que entró a practicar en forma “me di cuenta que esa era mi profesión”.

Torres Ramírez empezó a los 18 años a practicar la fistina de manera constante, y un año después  debutó sobre el entarimado con una victoria. A diferencia de lo que pudieran pensar, fue su madre quien la impulsó a practicar el deporte, “Dios iluminó a mi mamá para que me llevara a un gimnasio de boxeo”, en el Dbick, su primer centro de formación allá en Neza.

“Me gustó el escuchar los costales, las peras. Al principio me veían raro mis compañeros, pero poco a poco me fui ganando su confianza con el empeño que ponía en las practicas; empecé a ganarme su respeto. Así empezó esta gran aventura”, recuerda la peleadora.

Hoy ya tiene su propio gimnasio, pero sigue acudiendo al Nuevo Jordán para la fase final de cara a una pelea. Como su nivel es profesional, tiene que boxear con hombres para llegar mejor preparada, aunque a veces los golpes sean más fuertes: “Hay unos que sí son muy malvados y pegan muy fuerte, pero ni quejarnos; si queremos igualdad hay que aguantar”, responde.

Una mexicana en el fin del mundo

Ana María Torres viajó a Corea del Norte para medirse contra todo un aparato político. En este país asiático las derrotas no están permitidas, y quizá por ello en sus dos incursiones perdió. La mexicana reconoce que fue vencida, pero nunca se intimidó.

“La funcion es nada más para los puros militares; las boxeadoras son militares y la gente común no puede entrar. Allá son muy pobres porque todos dependen del gobierno; yo me pude dar cuenta que es un lugar gris, triste, (donde) no hay libertad de expresión”, recuerda la pugilista.

“La Guerrera” cuenta que llegaron a Corea del Sur y de ahí viajaron a territorio norcoreano. Antes del pesaje obligatorio previo a la pelea, ella y su equipo tuvieron que viajar en un autobús, “como un micro de los que hay aquí”, y cumplir con el requisito.

La hospedaron en una habitación con vigilancia las 24 horas: “Cuando quieres salir de tu habitación te  cuidan y siguen. Si quieres tomar fotos, ellos (vigilantes) te tienen que decir dónde puedes tomarlas y si alguna no les parece hacen que la borres”; aunado a que la tradición manda que hay que dormir en el suelo… moliendo literalmente los músculos y los huesos de quienes no están acostumbrados.

A pesar de los problemas, y de las derrotas ante Kwang Ok Kim y Myung Ok Ryu, ambas por decisión dividida, “la experiencia es bonita porque ya lo viviste, nadie te lo va a contar; son cosas que he sabido sacar adelante, con este carácter fuerte que me caracteriza para todo”, expresa Torres Ramírez.

Quiero ser mamá: Torres

Tiene 30 años y se siente plena. Es un referente del boxeo y una atleta destacada. Ya tiene el sobrenombre de campeona… pero sólo le falta algo: ser mamá. Ana María Torres ve su retiro en cinco años, “no es por que esté acabada sino porque también quiero una vida personal.

“Veo a una de mis hermanas, a mi mis hermanos con sus esposas que tienen a sus bebés y es bonito, cuidarlo, protegerlo y educarlo. Tengo muchos alumnos en mi gimnasio y me siento muy bien con ellos, es ahí cuando me entran las ganas de ser mamá”, comenta la peleadora.

Y es que el entrenamiento de alto nivel no deja espacio para nada. De no ser porque su esposo, Roberto Santos, forma parte de su equipo de trabajo, junto a Manuel López, sería muy complicado llevar una relación; pues cuando está preparando una pelea entrena de lunes a sábado, cinco horas diarias (cuatro en el gimnasio y una para correr), por un mínimo de 40 días.

Aunque ya proyectó su retiro, como todo pugilista, desea seguir ligada al deporte de las bofetadas. En enero del próximo año su gimnasio Escuela de Boxeo “Ana la Guerrera”, en Neza, cumplirá tres años, y en él ya se empiezan a formar las nuevas joyas del boxeo nacional, a quienes Ana entregará sus conocimientos del arte de la fistina.

“Quiero seguir impulsando a los jóvenes para que hagan deporte, si no para pelear para que combatan un poco la obesidad en este país, que desafortunadamente ahí sí somos el primer lugar”, sentencia.

 

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