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Las minas de la II Guerra Mundial amenazan el desierto egipcio

Las minas fueron plantadas de forma arbitraria por las tropas del Eje y los Aliados y no aparecen en los mapas bélicos de la época.

Por EFE

El desierto noroccidental de Egipto sigue escondiendo minas de la II Guerra Mundial, 75 años después de las batallas que se libraron en él, debido a la dificultad de eliminar los explosivos por las características del terreno, su amplitud y la falta de recursos en algunas ocasiones.

Las minas fueron plantadas de forma arbitraria por las tropas del Eje y los Aliados y no aparecen en los mapas bélicos de la época. Además, se desplazan con el movimiento de las dunas de arena, lo dificulta aún más su localización, explicó el general Fathy Mansur, del regimiento de desminado del Ejército egipcio.

Durante una visita de diplomáticos y periodistas a la base de este cuerpo ubicada en la localidad de El Alamein, Mansur enumeró las dificultades a las que hacen frente en un área de 510.000 hectáreas que se extiende entre el mar Mediterráneo al norte y la depresión de Qattara al sur, y desde la frontera libia hasta El Alamein, donde se libró una de las batallas más decisivas de la contienda entre las fuerzas del Eje y el bando Aliado.

Desde que la ONU alertó del problema en los años 90 y advirtió de que en Egipto se concentraba el 21 % de las minas de todo el mundo, las fuerzas armadas han ido limpiando algunas zonas, sobre todo las más afectadas.

Estos trabajos han respondido muchas veces a las necesidades de urbanizar o cultivar la tierra, además del presupuesto del que se dispone en cada momento, ya que el proceso es complejo, lento y costoso -hasta 1.000 dólares para eliminar una sola mina-.

"Dividimos el terreno en áreas de cien metros cuadrados, y éstas a su vez en cuatro partes, donde acceden los técnicos con los detectores, y si encuentran algo lo señalan con una bandera roja, y lanzan una alerta", detalló Mansur en declaraciones a Efe tras una demostración de desminado.

"Posteriormente los supervisores determinan si los artefactos señalados son explosivos o no. Si no lo son, son levantados, y si no son detonados, como hemos visto", añadió el general, que mostró cómo desarrollan esta minuciosa tarea.

Finalmente, hay que verificar que el terreno es "seguro", por lo que se rastrea el terreno con un vehículo pesado que remueve la tierra hasta 35 centímetros de profundidad, y hace explotar posibles remanentes.

Uno de los problemas es que la tecnología con la que cuenta el Ejército no permite llegar en profundidad, mientras que las arenas pueden enterrar las minas hasta seis metros por debajo de la superficie, según Mansur.

Por ello, algunas zonas que fueron limpiadas en el pasado están siendo analizadas de nuevo con aparatos más modernos, en el marco del proyecto lanzado en 2006 por el Programa de la ONU para el Desarrollo (UNDP) con el Ministerio de Cooperación Internacional egipcio, y que la Unión Europea (UE) ha financiado en los últimos tres años con 4,7 millones de euros.

"Es un proyecto muy bonito y eficiente porque invirtiendo una suma relativamente pequeña de dinero estamos obteniendo un gran éxito, porque la tierra que está limpia de minas puede ser usada por los agricultores o para construir industrias o viviendas. Esto es sólo el primer paso para promover el desarrollo del área", señala el embajador de la UE en Egipto, Ivan Surkos.

Parte de ese desarrollo es la nueva ciudad de El Alamein -que surgirá donde entre el 23 de octubre y el 5 de noviembre de 1942 se situó el frente de batalla-, uno de los proyectos "estrella" del Gobierno egipcio para desarrollar esta región del país, junto a la central nuclear de Dabaa, cuyo perímetro de 4.500 hectáreas está siendo analizado en estos momentos para asegurar que no hay minas.

Las autoridades han tenido otras prioridades, por lo que sólo se ha limpiado cerca del 30 por ciento del territorio contaminado, sobre todo en la zona de El Alamein, en torno a la localidad de Marsa Matruh y en la frontera con Libia.

Todavía queda mucho trabajo por hacer, señalan tanto los dirigentes militares como los de los organismos internacionales, pero "en cinco años podríamos terminar si contáramos con todos los recursos", aseguró con confianza Mansur, que calcula que serían necesarios unos 250 millones de dólares aproximadamente.

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