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NAICM: La hora de la verdad

Independientemente del resultado de la famosa consulta pública, lo factible, deseable y recomendable es que el NAIM termine siendo una obra de calidad, transparente, libre de intereses ocultos o amiguismos.

Por José Lebeña

 

Si bien es cierto que México tiene tantos atractivos turísticos, y que culturalmente tiene tanto que ofrecer que nunca terminarías de conocerlo, pues no en vano, ocupa el sexto lugar en recepción de turistas internacionales, al registrar 39.3 millones de visitantes extranjeros que arribaron al país en 2017, y superar en ese entonces a potencias como Reino Unido, Turquía y Alemania, y que tan solo en este año, de enero a junio arribaron 20.6 millones de turistas internacionales, cifra superior en 7.3 por ciento a los 19.2 millones registrados en 2017.

También es cierto que, bancos, cajeros automáticos, transporte público y las calles que recorren habitualmente los ciudadanos, son los principales lugares donde los habitantes de la Ciudad de México se sienten inseguros. Y los índices se disparan en la zona norte y oriente de la capital. Esto no lo digo yo, lo muestra la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU).

Ahí va el dato, 8 de cada 10 habitantes se sienten inseguros en la ciudad. ¿Será porque contabilizamos tres homicidios dolosos y hasta 75 robos con violencia al día? Alcanzamos niveles que no se vivían desde hace 10 años en el área metropolitana.

Y sí esto así lo vemos aquí, imaginen cómo nos ven en Estados Unidos o Europa, sólo observen lo que se dice en sus telediarios, boletines de radio o periódicos sobre México. No todo es springbreak, el día de muertos o los mariachis. Porque sí hablan de muertos y no precisamente de los que salen en la cinta Coco.

Con estos datos, ustedes creen que para cualquier extranjero ¿será atractivo pasar por la Ciudad y recorrer en taxi los casi 50 kilómetros que separan al actual aeropuerto de la base militar Santa Lucía?

Porque, además de la percepción y de la inseguridad existente, hay que sumarle el tráfico, el gasto en transporte y el tiempo que habrá que invertir en los desplazamientos. ¿Quién pagará esto?

Pero no sólo los extranjeros, tendrán que vivir esto, sino también, quienes lleguen a la CDMX a conectar con un vuelo desde Monterrey, Guadalajara o cualquier otro lugar de la República.

¿Eso lo habrán pensado y planificado para sacar adelante el proyecto de Santa Lucía?

No soy especialista en el área, pero soy usuario y he vivido diversas experiencias de movilidad y conectividad en muchos aeropuertos del mundo, incluido el de Hong Kong, construido en una aeroisla conectada con trenes y autopistas.

Además, si se cancela el aeropuerto, ¿devolverán y cancelarán el aumento de la TUA a los viajeros, que se incrementó este año 16.2% para enfrentar bonos a largo plazo en la financiación de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM)?

Hay que pensar a largo plazo en este tipo de proyectos. Hace 40 años sólo se necesitaban carreteras de dos carriles y dos pistas. Hoy, se requieren autopistas y más espacios para más aviones y más despegues y aterrizajes. Imaginen lo que se necesitará en 20 años más.

Hay muchas preguntas en el aire, pero sólo una sobre la mesa.

Lo que sí es cuestionable son los contratos y la ejecución y, sea cual sea el resultado de la famosa consulta pública, lo factible, deseable y recomendable es que el NAIM termine siendo una obra de calidad, transparente, libre de intereses ocultos o amiguismos que tanto se ha criticado de las administraciones pasadas, y sobre todo, compatible con el medio ambiente y que también sea de utilidad para la población circunvecina. Esto es lo importante.

Y si bien, como mexicanos debemos hablar bien de nuestra patria y enaltecer lo positivo, pues sus bondades son mayores que sus defectos, tampoco debemos caer en eso de “alábate burro que no hay quien te alabe” para justificar o no, un proyecto que tanta trascendencia tiene para el país.

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