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Monumento a la Revolución, orgullo de un sueño inconcluso

El punto más alto del Monumento alcanza los 65 metros

Por Arianna Bustos

Hay recintos culturales en México que forman parte importante de la historia y reciben un valor agregado con tan solo recordar el marco histórico en el que se planearon y llevarnos a lo actual,  la función que tienen en la sociedad.

Cuando entras a un museo, te has preguntado ¿Dónde estás parado? ¿Qué tuvo que pasar para convertirse en lo que es ahora? esta ocasión nos hicimos esas interrogantes en el marco del aniversario de inicio de la Revolución Mexicana que se celebra el 20 de noviembre para saber qué era el Monumento de la Revolución antes de ser museo.

El sueño interrumpido de Porfirio Díaz 

Comenzamos esta historia en 1895, cuando el entonces presidente Porfirio Díaz inauguró la construcción del que sería – en su visión- el Palacio Legislativo más impresionante de la época. El monumento fue concebido por Díaz que también se encargó de seleccionar al arquitecto, titular del proyecto, el francés Émile Bérnard.

El espacio contaría con 14 mil metros cuadrados donde se resguardaría la Cámara de Diputados y Senadores; estación de bomberos, despachos, bibliotecas, imprenta, salas de lectura, cuatro jardines y hasta un techado donde los integrantes del gobierno pudieran descender sin sufrir los cambios de clima. Su ubicación estaba planeada para formar una línea recta que llegaba a Palacio Nacional, Díaz quería trazar un ruta del poder.

Martha Contreras, gerente de comunicación del Monumento comentó “Si nos sorprende Bellas Artes, este Palacio Legislativo se lo iba a llevar de calle (…) era el proyecto más ambicioso del Porfiriato”. Sin embargo el sueño de Díaz se vio interrumpido al estallar la Revolución (1910- 1921)

A pesar de los intentos del arquitecto Émile Bérnard por continuar con el proyecto y tras el movimiento revolucionario,  la construcción quedó abandonada y los recursos que estaba destinados para su edificación se desviaron al apoyo económico de esa etapa en guerra, de 1912 a 1932, aproximadamente.

Durante esta etapa Émile intentó avanzar con una propuesta  a Álvaro Obregón de que el monumento se convirtiera en una Panteón a los Héroes de la Revolución;  aceptó el proyecto sin embargo murió antes de que se concretara la idea.

Herencia en vida

A decir  de Martha Contreras,  se tuvieron que distribuir algunos elementos decorativos de lo que sería en ese entonces el Palacio, mismos que aún podemos ver como figuras míticas culturales en distintos recintos del Distrito Federal: el águila- estaría en la cúpula-  ahora está en el Monumento a la Raza; los leones de Chapultepec, estarían en la entrada del Palacio Legislativo. Las musas de ” La Juventud” y “La Madurez” que  se encuentran en la entrada principal del Palacio de Bellas Artes también habrían formado parte del ahora monumento. Además el 80 por ciento de este proyecto sería cubierto con mármol, mismo material que se utilizó para vestir los edificios públicos construidos a principio del Siglo XX.

Después del abandono de 20 años, el riesgo de desaparecer y convertirse en vigas de ferrocarril, apareció, por ahí de 1933 otro arquitecto que rescató la estructura de acero; su nombre era Carlos Obregón Sancilla.

Vecino de la Tabacalera y visitante frecuente de este espacio inconcluso, Obregón ganó el proyecto de recuperación del Monumento para lograr lo que ahora es visualmente en 1933. “Creo una doble piel, una estructura paralela a lo que se construyó en 1900, con material 100 por cierto mexicano. Se rescataron los espacios ya existentes de un proyecto único y se le dio nueva vida. Se colocaron dos elevadores un mausoleo donde están los restos de Lázaro Cardenas del Río, Francisco Villa, Madero, Plutarco Elías Calles y Venustiano Carranza”, comentó Martha Contreras.

De la mano de Obregón trabajó el escultor Oliverio Martínez, autor de los grupos escultóricos que vemos actualmente en lo alto del recinto.

Luego de esta etapa de reintepretación, el Monumento permaneció sin mantenimiento y sin actividades de 1970 al 2008, luego con el primer centenario de la Revolución Mexicana se decide rehabilitar Plaza de la República, el monumento como pieza arquitéctonica y comienza otra etapa,más cercana a lo que conocemos ahora.

DESDE LAS ENTRAÑAS

A partir de 2010 y hasta el año en curso, el monumento fue evaluado a fin de darse a conocer desde las entrañas hasta el punto más alto, la linternilla, con recorridos nunca imaginados por los arquitectos previos. Por ejemplo, el espacio cimentación que consta de  118 metros laberínticos donde además de poder tocar la estructura desde la raíz podrás detenerte en los periscopios que lo integran para conocer lo más recóndito del espacio monumental.

Una cafetería, proyectos para ver amaneceres monumentales, exposiciones entre la estructura y recorridos, son algunos de los atractivos que cautivan a los visitantes de este ideal frustrado de Porfirio que, sin saberlo, dejó una herencia cultural sin igual a los mexicanos.

PARA SABER

-Se cree que los tornillos  que aún puedes ver en las entrañas del museo se colocaron uno por uno por obreros mexicanos.

-El Monumento contaba con el primer elevador de trayecto tipo de media luna de América Latina.

– Además de que pudo ser un panteón, el monumento pudo ser derribado para convertirse en zona hotelera. Otro de las propuestas era recubrirlo con bugambilias

– El punto más alto del Monumento alcanza los 65 metros

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